miércoles, 28 de noviembre de 2007

Si oviesse buen señor

Desde hace tiempo, he defendido que el celuloide es un soporte que permite una diversidad de géneros estilísticos. Lo habitual es, sin duda, que sirva para la narración, contar historias mediante imágenes; acción, dramatismo. Pero también cabe la poesía (Bailar en la oscuridad), el ensayo, e incluso el tratado filosófico (Cielo sobre Berlín). Con Leones por corderos, podríamos hablar de artículo de opinión.

La última de Robert Redford es expositiva, didáctica. Hay más diálogo que acción. La rabiosa actualidad de su reflexión la hace efímera. Desde luego. Pero llega, hace pensar, y a aquellos con un cierto historial de reflexión sociopolítica sobre Occidente, puede al menos llevarles al debate serio, e incluso emocionarles. Este es mi caso, y confieso que no pude evitar la lágrima -compulsiva, además- en uno de los momentos finales de la película. (Lágrima de impotencia de la misma estirpe que la que le vi derramar a mi madre el 9/11 cuando colapsó la primera torre gemela).

Pienso que Leones por corderos no es una película contra Irak, ni contra Bush, ni siquiera pacifista. Creo que tampoco es maniquea, aunque evidentemente no muestre todos los puntos de vista que se puedan ofrecer. Quizá para quien no haya intentado honradamente elaborar sus propias opiniones (dudas, más bien) sobre la situación en la que este mundo nuestro se desenvuelve tras el 11-S, quizá para ese, digo, la película resulte papilla ideológica o le lleve a simplificar. No lo sé, me cuesta ponerme en ese punto de tabula rasa mental. Pero para quienes tratamos de dar un poco de consistencia y estabilidad al mar de dudas en que nos movemos, la cinta de Redford, incluso en lo que no se esté de acuerdo, abona la reflexión y el debate.

Más allá de la reflexión política, me gusta de la película cómo enfrenta dos generaciones de americanos (que es decir de occidentales): un profesor de universidad -el propio Redford- y su alumno veinteañero, brillante pero asqueado de su clase política y dispuesto a vivir y dejar vivir (¿os suena?). A la hora de oponerlos, Redford podría caer en la tentación de defender su postura generacional por medio de la caricatura de la que le sigue, pero no es así. Y lo que veo me hace intuir que quizá el hartazgo del alumno es culpa de la generación de su profesor. Que el despotismo blando (Max Weber dixit) al que ha llevado la democracia en la posmodernidad no es sino consecuencia -paradójica consecuencia- socio-político-ideológica del (aparente) interés político de la generación del 68, contestatarios a la autoridad que la han desprestigiado, no tanto por luchar contra como por instalarse cómodamente en, eso sí, sin fe en ella.

En resumen, en Leones por corderos no encontrarás acción -ni siquiera es una película bélica, diría-, ni te enfrentas a una obra perdurable. Pero son 90 minutos habitados por un brillante reparto, hora y media que ilumina, como un flashazo, parte de la realidad histórico-política que nos toca. Creo que lo hace con honradez y sin partidismos sectarios, y suscita el debate, ofreciendo además pinceladas para un esbozo (no llega a radiografía) del cambio generacional que se vive en Estados Unidos.

4 comentarios:

Terzio dijo...

Empecé a escribir, pero me salió tal rollo, que lo he preferido poner en mi blog.

A ver.

+T.

El Espantapájaros dijo...

Aunque no voy a ir a ver la película porque no tengo tiempo, sí me gustaría hablar sobre la Guerra de Irak, que ya parece que después de eso no quede nadie en el mundo capaz de apoyar a Bush y su política. Uno tras otro, sólo aparecen filmes críticos, excesivamente críticos. Todo el mundo olvida el 11-S y la situación extrema a la que tuvo que hacer frente ese hombre. No diré que siempre haya estado acertado, porque desde luego no es el mejor de los presidentes de Estados Unidos, pero muchos de sus errores se pueden justificar desde esa óptica. Después de todo, ¿qué clase de dirigente no hubiera emprendido una guerra global contra el terrorismo musulmán tras haber sufrido en sus carnes el más duro golpe del enemigo? Sólo un hombre débil y menguado como Zapatero, que hizo lo contrario: premiar a los terroristas retirando a las tropas y rendirse ante ellos. ¡Seguro que lo mismo pero en la situación del 11-S nos hubiera sentado muy bien a todos!

Causas justas al margen, lo malo de esa guerra ha sido en realidad la postguerra. La victoria americana fue muy limpia, perfecta, pero, entre unos y otros, casi echan a perder un buen trabajo. Retirar tropas ha estado muy feo, y no es Zapatero el único sin arrestos; por otra parte, los iraníes financian a los terroristas y les dan cobertura; finalmente, es un país demasiado inestable debido a las luchas sectarias y demás. Pero la situación se terminará por estabilizar: los logros del general Petraeus son considerables y la esperanza se mantiene.

De todos modos, yo estuve en contra de la invasión, no del lado de los pacifistas que llamaban asesino a Aznar y que mancillaban el Congreso con sus pancartas, pero sí me considero contrario a una acción bélica complicada e inútil, con alto coste de vidas para obtener un objetivo ínfimo. Siempre pensé que Sadam, con todo, era un mal menor, y que los cañones imperiales deberían haber barrido Irán, odioso país que sí es un peligro para Occidente y que también tiene petróleo que salvaguardar de terroristas musulmanes. No comprendo cómo no se hizo dicho cálculo. Espero que alguna vez hagan una película que refleje mi visión.

Un saludo

P.S.: Me gusta la anécdota que encierra el título de la película.

Agus Alonso-G. dijo...

No sé si habrá alguien que apoye a Bush y su política. Yo, desde luego, no lo voy a hacer, porque creo que es errónea. Yo tampoco apoyé la invasión de Irak aunque tampoco me dediqué a llamar asesinos a los que la apoyaron.

No olvido el 11-S. Sé que a ese gravísimo atentado se debe el ataque contra el "evil axe": Afganistán, Irak... y luego iban Irán y Corea del Norte. (Si hubieras venido el martes a Perkeo sabrías que tengo eso perfectamente claro ;)). De hecho, no hay que olvidar que Bush arrasó en 2004 con esa política. Pero conocer el contexto no implica justificar sus errores. Explicar no significa aceptar.

La manera en que se está llevando a cabo la guerra contra el terrorismo está siendo un absoluto fracaso. Hoy, los talibanes vuelven a controlar cerca de un 54% de Afganistán. Y, sí, por ahora la táctica de Petraeus parece estar calmando los ánimos en Irak. Pero su política de alianzas pragmáticas con toda tribu y cacique no puede durar siempre. Al final, nos encontraremos que, como viene siendo habitual últimamente, los propios USA acaban alimentando el monstruo por guiarse por visiones coyunturales.

Como bien dices, se ha demostrado que Sadam era un mal menor (demasiado grande, pero menor). Dices que el problema es la posguerra, y no estoy de acuerdo. El problema es que ya no hay guerras, hay conflictos armados. Ya no es eso de llegamos a Bagdad, tiramos la estatua de Sadam y hemos ganado. No. No es eso de quedamos en un campo de batalla, nos pegamos y gana uno. Y si eso no lo tiene claro la mayor potencia militar del mundo al embarcarse en conflictos de estos, es para echarse a temblar.

El choque de civilizaciones no se salvará con una meliflua alianza cobarde y relativista. Pero tampoco, desde luego, con violencias que exacerban el odio.

No se está luchando contra un Estado, sino contra una idea. Y por cada cabeza cortada nacerán dos o tres.

Creo que la única manera de dejar de alimentar al monstruo es que esas sociedades prosperen económicamente. El éxito del fundamentalismo islámico se alimenta de la miseria de esos países. Claro, que si prosperan, esos países serán competidores económicos de las grandes potencias. Y quizá eso tampoco les guste a algunos.

Terzio dijo...

Y con Musharraf en la cuerda floja, el peligrosísimo Pakistan vuelve a recuperar protagonismo.

Horreur!

+T.