martes, 27 de noviembre de 2007

El señor Hyde

Por los ademanes con los que se acercó a la salida, supuse que la señora tenía la intención de bajarse en la próxima parada. Pero no había pulsado el botón para solicitarla. La observaba en silencio, con la malicia despertándome la mirada. El autobús se detuvo para recoger pasajeros y, en efecto, la señora del pelo cano esperó a que las puertas se abrieran. Y, en efecto, no lo hicieron. Arrancaba el vehículo y la señora se volvió al conductor, con rictus indignado. Pidió que le abriese la puerta, que lo hizo no sin protestas, y yo aún tuve tiempo de escupirle por lo bajini un “señora, si es que no ha solicitado parada”, que quizá ni oyó.

Suficiente tenía con ver la victoria del canallita, del pilluelo, en estos tiempos de bajas presiones, como para dejar que hundiera más mi ánimo. Me sonreí.

(Ayer acabé el proceso radiotelevisivo. En un par de semanas todo estará visto para sentencia.)

1 comentario:

Terzio dijo...

Venial, es venial; y hasta puede que sea una obra de misericordia incoada (corregir al que yerra), una discutible (dar buen consejo al que lo necesita) que moderan la omisa (sufrir con paciencia los defectos y flaquezas de nuestras prójimas). En suma, venial.

+T.