miércoles, 24 de octubre de 2007

Una de cobardes

Cuando vi el vídeo el lunes, se me revolvió el estómago. Pensé que su emisión era un error, algo cercano al sensacionalismo, aunque ahora me alegro de que haya servido para que se linche moralmente (un par de patadas en el culo como poco no vendrían mal tampoco) a Sergi Xavier M.M., un energúmeno cobarde tan cobarde como para zurrarle la badana a una chica que esta sola en el vagón de Metro. Ah, no, sola no. Y es eso lo que me interesa.

Desde el primer momento lo que más me llamó la atención fue el viajero que en la esquina inferior derecha de la pantalla mira para otro lado y -casi diríamos- se esconde tras el respaldo de un asiento mientras la chica es maltratada. Hoy, además, he visto que mientras la chica estuvo en el vagón no hizo ademán de acercarse a ella para minimizar su cobardía con un gesto o unas palabras de apoyo. Nadie habla de él, y es natural que todos los focos recaigan sobre el agresor hijoputa (vándalo es casi un piropo aplicado a tipos como ese). Y, sin embargo, es la mirada de este segundo cobarde la que más me interpela. Quizá porque dada la situación es el único punto de vista con el que me podría identificar (ni soy una menor extranjera susceptible de agresión ni un vándalo-hijoputa susceptible de agredir a menores extranjeras) o quizá porque uno ya está insensibilizado ante la cobardía disfrazada de violencia.

Uno nunca sabe lo que hará en una situación de peligro, y hay quien saldrá a disculpar a este segundo cobarde. Pero yo quiero creer que hubiera salido en defensa de la chica, aunque el agresor me hubiera caneado. Hay héroes que se juegan la vida por evitar la injusticia. Y un hombre maltratando a una mujer es algo difícilmente tolerable.

3 comentarios:

Agus Alonso-G. dijo...

Acabo de descubrir que en El País de hoy hay una carta al director firmada por dos mujeres precisamente en la misma línea que este comentario.

Terzio dijo...

Es verdad: Nada más ver la escenita uno se pregunta qué pasa con el capullo impasible ese.

Da ganas de arrearle un cañazo (después darle lo suyo al fantoche "agresor").

Ahora bien: Lo de esas dos quejosas de la carta al director, no me queda claro. Porque en una situación tan cacareada de igualdad de sexos, no-sexista, que la pegada sea una "ella" y el pasota un "él" no tendría que prestarse a discriminación de juicio y/o valoración.

Me parece.

¿O no?

+T.

batiscafo dijo...

Yo también me fijé en el gallina del rincón. Es alucinante. Ni se inmuta el tío.