lunes, 1 de octubre de 2007

La vida de los libros

“Me metí el libro en el bolsillo. Os aseguro que abandonar su lectura fue como arrancarme el cobijo de una vieja y sólida amistad” (El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad)

No sé si esta será una de las mejores imágenes para expresar lo que supone la lectura de un buen libro, pero desde luego es acertada, muy sugerente. A veces viene la tentación pedante de pensarse superior por disfrutar de la buena literatura, cuando la realidad es que hablamos de un don. También cultivado, sí, pero don.

Guardo dos recuerdos de infancia asociados a la lectura que ahora me conmueven. Uno tiene que ver con la tradicional imagen del lector escondido bajo la manta, con una luz raquítica. En mi caso este recuerdo viene asociado a las mañanas de sábados y domingos, cuando despertaba antes de que la maquinaria hogareña se hubiese puesto en marcha y, temiendo despertar a los dos hermanos con los que compartía habitación, levantaba mínimamente la persiana y aprovechaba las rendijas de luz que entraban para iluminar las líneas de aquellas novelas que una y otra vez devoraba. Con esas múltiples lecturas tiene que ver el segundo recuerdo...

El eterno retorno de esos libros que más me habían gustado de entre los que rodaban por la casa. Alguno de Julio Verne, Sherlock Holmes, pero sobre todo literatura de género, juvenil. No me olvido especialmente de uno, titulado "El loco de Harry", que leí no sabría decir cuántas veces. Y qué pena que ahora sienta a veces el ímpetu, las prisas de leer, de acabar una buena novela, para pasar a otra, en lugar de disfrutar olvidando lo demás, los demás libros, disfrutar de esa sustracción de la propia realidad que abre una brecha en la eternidad, la lectura.

(Cómo lloré el otro día con los dos últimos capítulos del Brideshead de la BBC. Narrativa también, un mundo creado)

5 comentarios:

Terzio dijo...

No me gusta Conrad; y esa novela la acabé porque la empecé, tan entenebrecido como su título.

Me hubiera gustado verte llorar con el Brideshead ¿Con Lord Marchmain agonizante, con el revisited final, con la vuelta de Cordelia, con el fin de Sebastian?...A ver, cuenta.


+T.

Agus Alonso-G. dijo...

Con todo un poco. Con una escena entre Charles y Cordelia ya de regreso, junto al pretil de un puente, creo recordar, en la que ella le habla de Sebastian. ¡Esa visionaria! Con la escena en que Julia monta la escena de remordimiento y lágrimas a Charles en los jardines, también junto al pretil, esta vez de una fuente, después de que Bridey le diga que su prometida no pondrá los pies en el mismo techo que una pareja en pecado.

Y sí, con la muerte de Marchmain, y Julia, y Cara... y luego Charles arrodillados. Y con la revisitation.

Lloro por lo que veo en la pantalla y por las emociones y reflexiones que me sugiere.

Terzio dijo...

Eres un romántico-ántico...y eso no tiene cura.

Se sufre más, pero también se comprende más porque se siente más.

T.

Agus Alonso-G. dijo...

Se me nota a la legua, y más en la exhibicionista Internet 2.0.

Quizá venga al pelo esa frase que aprendí este verano, de nuestro amado y venerado Newman: "Creo porque amo". Y me consuela el romanticismo-ismo.

Por cierto, que a mí la negrura nihilista de Conrad tampoco me resultó atractiva.

Terzio dijo...

Claro, es que el nihilismo no es romántico; romántico es una tormenta tremenda con mañana clara...después.

Sin nosotros, los románticos, el mundo sería una mala novela.

+T.