lunes, 15 de octubre de 2007

Ford, Sweet Ford

¿Qué tiene La diligencia que -parafraseando a Segismundo- con cada vez que la veo, nueva admiración me da?

La diligencia es un mecanismo tan perfecto y caótico como la vida misma puede llegar a serlo. Me cautiva el rancio aroma del primer cine sonoro, de los pioneros de Hollywood; y la belleza sencilla del cine de Ford, a maravilla por fotograma, sin amaneramientos, todo ello salpimentado por la salvaje hermosura de ese Monument Valley que tantas veces visitaría después la cámara de Natani Nez.

De esta película me cautiva también lo que cautiva de las grandes narraciones: su capacidad para construir un mundo y unos personajes entre los que uno se desenvuelve como un viejo conocido. Catalogo de inolvidables personajes -¡siempre Ford!-: Ringo Kid en la piel del jovencísimo John Wayne; y Dallas, esa prostituta despreciada por la puritanísima y grotesca comisión de la moral y el orden, y finalmente convertida en buena samaritana y redimida por el amor inocente del bruto; y Doc Boone, un borracho genial encarnado por el Thomas Mitchell padre de Scarlet y olvidadizo tío de George Bailey; y el viajante Hecock... digo, Peacock, entre lo pusilánime y lo candoroso; y el insoportable banquero; y el tahúr racista de maneras aristocráticas; y Buck, y el sheriff, y. Y.

Si hay un espacio reducido bien popular en la historia del cine es el camarote de los hermanos Marx. Y, sin embargo, no he encontrado microcosmos tan entrañable como esa caja sobre ruedas sitiada por los apaches de Geronimo, prolongada en las casitas rústicas de techos bajos que jalonan el camino hasta Lordsburg.

4 comentarios:

Terzio dijo...

Comparto tu entusiasmo por La Diligencia (mi prefe es T. Mitchell, el Doc.); pero detesto que nombres siquiera a los M. brothers, a quienes aborrezco con particular inquina desde que tengo uso de razón.

El punto que has ganado con La Dili, lo has perdido por nombrar a esos degenerados-degenerantes.

+T.

Anónimo dijo...

Para mi tiene una cosa que es difícil encontrar en el Cine de otras latitudes y otros tiempos, ritmo, nada más y nada menos.
Los Marx, a veces, también lo tienen. Las subvenciones No.
La Torre de los Siete Jorobados Si, ¡Oh Edgar Neville!

Agus Alonso-G. dijo...

Qué curioso. Tampoco a mí me caen en gracia los hermanos Marx. Y mira que lo he intentado, pero nunca.

Y sí, anónimo, ritmo. Entre otras cosas.

kañaman dijo...

Viva los hermanos Marx