miércoles, 26 de septiembre de 2007

Tutor de pupilos y huérfanos

He terminado por fin el Quijote, después de varios meses esquinado en mi escritorio a falta de doscientas páginas. Relectura, si tuviésemos en cuenta una inconsciente lectura, allá por los sweet sixteen. ¿Qué decir del libraco, de ese avellanado hijo del entendimiento cervantino? No menos de cuarenta citas le he desfalcado, entre dichos, refranes, descripciones, exabruptos y frases solemnes, todos altísimos concetos dignos del mármol. Por lo demás, poco que añadir.

Me quedo con la primera parte, menos seria -o más gamberra- que la segunda, parte esta en la que ya se le ve que conoce del éxito de su obra y es más solemne, y a mi gusto menos natural. Como digo, la primera parte es más vivaz y comiquísima, cualidades a mi parecer más propias del global de la obra. Atreverse, sin embargo, a recortar, corregir, etc., etc., sería de bellacos.

Otra cosa: mientras era Cervantes mediante el devenir de la historia quien maltrataba a la manchega pareja (primera parte) a base de lluvia de pedrisco, bofetones, zurriagazos y engaños, no solo lo toleraba sino que lo reía con ganas; menos graciosa he encontrado la inhumanidad de los duques. Me quedo con el episodio de la Maritornes, el del bálsamo del feo Blas (que diría Sancho) o el de los galeotes, antes que con las tretas ideadas por los duquesitos y sus vasallos. Que más grato al ánimo son los trabajos sobrevenidos por la Providencia, que aquellos pergeñados por humano y finito entendimiento, que diría Sancho Panza, Panzino en versión eglogesca. Y en esto, añadiría él, hablamos de Providencia aunque ella actúe mediante la pluma de un autor.

3 comentarios:

El Cerrajero dijo...

La obra de Cervantes no debería ser de lectura obligatoria pero si 'casi' ^_^

Bungo Bolsón dijo...

Hmmm... Pero la evolución psicológica de don Quijote y Sancho en la segunda parte los hace mucho más interesantes (en especial la mentada quijotización de Sancho y la sanchificación de don Quijote).

Los episodios "fraguados" por el duque y compañía también le agregan un componente muy interesante. Los engaños que no son generados por Quijote mismo no tienen el mismo efecto en su espíritu: a partir de allí, don Quijote comienza a darse cuenta de su locura, y su espíritu caballeresco inicia un menguar paulatino. Por eso, y por muchos detalles más, se considera generalmente a la segunda parte como mejor que la primera, opinión que comparto plenamente.

Felicitaciones por el excelente blog.

Agus Alonso-G. dijo...

Leo estos días "Al morir don Quijote" de Trapiello y le entendí cuando lanza una crítica nada velada a los duques. Dice algo como que son unos tipos que tratan de entretener sus tristes vidas con la burla al inocente.

Quizá es tan tópico lo de la sanchificación, etc., querido Bungo, que no me llama la atención especialmente. Lo doy por supuesto. A mí la estancia en casa de los duques no me gusta casi nada. Me gusta mucho cuando ya volviendo Quijote se desvela y despierta en varias ocasiones a Sancho para darle la brasa con que se flagele para desencantar a Dulcinea. Me quedo también con la sarta de refranes sanchescos, y con su gobierno baratario.

Quizá para el filólogo erudito es mejor la segunda parte porque le da para pedalear más y hacer tratados en los que al final lo de menos es el puro disfrute de la obra, de la historia.

Aunque cada uno disfruta con unas cosas diferentes, claro.