jueves, 20 de septiembre de 2007

Resistencia y valentía

Este verano, mientras estudiaba Teología fundamental y pedaleaba mentalmente sobre el desarrollo doctrinal, la inteligencia progresiva del depositus fidei y de la plenitud de la revelación, la plasmación en la carne mortal e histórica de la fe cristiana, etc., se me ocurrió que yo no soy yo, soy yo-en-la-historia (así, con guiones, como le gusta al estilo coloquial inglés y a los pensadores alemanes). Nada original, supongo que suena al yo y mi circunstancia orteguiano.

Esta reflexión me viene al hilo de varios artículos hoy sobre el aborto: uno de opinión en The Guardian diciendo que las escuelas confesionales no deben ser sostenidos con fondos estatales porque la Iglesia niega el derecho al aborto y yo como mujer, blablabla; otro sobre una clínica en Chicago financiada por la multinacional del aborto (Planned Parenthood) que ocultó sus fines al gestionar la aprobación; otro en La Vanguardia sobre la anulación por un juzgado barcelonés de unos artículos del código deontológico (¡!) de los médicos catalanes en los que se permitía cometer abortos a las menores sin informar a los padres, y el último, sobre la presión sobre el Cardenal primado de Inglaterra y Gales, para que impida que se receten anticonceptivos y abortos en un centro médico católico.

Y lo digo porque, efectivamente, somos cada uno de nosotros en-la-historia, cabe disculpar a la masa social que hoy en día aprueba semejante atrocidad, como cabe disculpar a la masa social que veía natural la esclavitud. Disculpar, que no exculpar. (Y el aborto es menos disculpable porque supone regresión de unos valores conquistados, mientras que lo otro necesitaba un progreso sociomoral para ser discernida toda su verdad). No caeré, sin embargo, en un hegelianismo que nos haga incapaces de libertad ante el torrente de la historia con mayúscula. Nuestra tendencia al gregarismo no sirve para justificar la renuncia a la libertad (de pensamiento, en este caso). No seamos tan vagos de musitar aquello de “la historia pondrá a cada uno en su sitio”, porque ella misma demuestra que no siempre lo hace. Tengamos el valor de resistir de palabra, obra y omisión, para que la sangre de todos estos inocentes no caiga sobre nosotros y nuestros hijos.

1 comentario:

Terzio dijo...

Con la apsotasía de la vida, la historia se hace crímen; nosotros proponemos una historia que se intra-redima por su apertura a la trascendencia y la gracia, , a la que está convocada.

Este tiene que ser nuestro mensaje-testimonio.resistencia.

+T.