martes, 4 de septiembre de 2007

En construcción

Incubo el proyecto intelectual de saber quién soy. Qué tontería, eso es un proyecto vital inacabable e inabarcable, el de conocernos. Me refiero a que aspiro a saber quién soy yo, o sea yo-en-la-historia, o sea yo y mi circunstancia. Por qué esa irritación contra mi tiempo, que a la vez es tan mío y yo tan suyo. Por qué ese ansia de autorrealización, de autenticidad personal, de originalidad creativa, de ser yo y no otro, y por qué a la vez la sensación inequívoca de que damos pasos hacia el suicidio social a la sombra de esos mismos estandartes. Alguno lo achacará todo a que esas ansias son fruto de las pasiones, bajas. Puro egoísmo. Tiene algo de simpleza pensar eso, creo.

Querer saber quién soy yo, querer simultáneamente construir el futuro que se nos avecina, supone entender la modernidad. No podemos pretender que aquí no ha pasado nada, y en un ataque de reacción antimoderna tratar de volver al siglo XVII, o antes. No podemos pretenderlo por pragmatismo y porque sería un retroceso en el progreso moral y del pensamiento. Y sin embargo, algo va mal, muy mal, ¿o no es razonable la impresión de que nos rodean los escombros? No me sirve un optimismo bobaliconcete que ignore el desequilibrio, por ejemplo, entre el desarrollo tecnológico y el moral, que ignore las fracturas interiores que nos asuelan, el nihilismo posmoderno que empuja al borde de la vía mientras pasa el tren de la historia.

Con la intención de entender mejor la modernidad, incubo el proyecto intelectual de conocerla a través de sus obras literarias y del cine. Como punto de partida, como marco, me he lanzado a leer La ética de la autenticidad y Nosotros, los modernos. De ahí, habrá que viajar a la Revolución Francesa, a la novela del XIX... (Me niego, de momento, de llegar incluso a Lutero, Descartes o Bacon; el intento sería, simplemente, utopía). De las lecturas y las reflexiones que surjan espero hacer un diario, un cuaderno de anotaciones. No sé si el blog me valdrá a tal efecto, quizá sí como destilería -que una vez le leí decir a Beades con acierto, sobre el papel de las bitácoras online-. Si tengo cierto éxito, quizá incluso podamos darle forma a lo acumulado y publicarlo en forma de libro. O no, lo importante es leer y escribir.

En fin, todo esto es un proyecto bienintencionado. En construcción. Se admiten sugerencias.

1 comentario:

Terzio dijo...

Algo así sentía, y escribía y pedía tu Santo:

"Noverim me, noverim Te..."

http://www.librolibre.org.ni/DocCa./oraciones/hijo/noverimme.html

Deberías compadrear más con tu tocayo (sugiero); es un sujeto de la mejor calidad y aprovechable compañía.

Siempre ayuda y esclarece.

+T.