martes, 8 de mayo de 2007

Amistad y vida intelectual

La relación preferente del intelectual, la que le califica según lo que es, sin perjuicio de sus necesidades y de sus deberes de hombre, es la relación con sus colegas. Digo relación, pero mejor sería decir cooperación, porque relacionarse sin cooperar no es hacer obra intelectual. Pero en nuestros tiempos de individualismo y de anarquía social es muy rara tal conjunción de espíritus. El P.Gatry se lamentaba de ello, soñaba con Port-Royal y quería hacer del Oratorio ‘un Port-Royal sin el cisma’. ‘¡Cuántas dificultades podríamos ahorrarnos, decía, si supiéramos unirnos y ayudarnos mutuamente! ¡Ojalá pudieran agruparse seis o siete personas con el mismo pensamiento, procediendo a una mutua enseñanza y convirtiéndose recíproca y alternativamente en alumno y maestro! ¡Y que incluso se diera la feliz circunstancia de que pudieran vivir juntos, que, además de los cursos seguidos por las mañanas y de los correspondientes estudios, tuviesen la posibilidad de hablar por las noches, durante y después de la cena, de tantas cosas bellas!: mediante el coloquio y la mutua infiltración podrían aprender más que con los mismos cursos [Les Sources, 1ª parte, cap.VI, 54]’.

(...)

La amistad es una mayéutica: extrae de nosotros nuestros recursos más ricos y más íntimos, hace desplegar las alas de nuestros sueños y de nuestros pensamientos oscuros, controla nuestros juicios, experimenta nuestras ideas nuevas, mantiene nuestro ardor e inflama nuestro entusiasmo”

(Pp.52-54; La vida intelectual, A.-D. Sertillanges. Ed. Encuentro. Madrid, 2003)

1 comentario:

batiscafo dijo...

¡Qué preciosas citas! ¡Y qué raro lujo la amistad!

Dice el libro de la Sabiduría que “el que tiene un amigo tiene un tesoro”. Un amigo es un descanso para el alma. En él se depositan las confidencias más hondas, sin temor a la traición, a la burla o a la inoportunidad.

No es un tipo de amor excluyente pero creo que sí es exclusivo. No tendrás muchos verdaderos amigos a lo largo de la vida. Compañeros y colegas, sí, pero amigos…

Son fáciles de reconocer: lo perdonan todo y con ellos, por mucho tiempo que transcurra, la conversación fluye como si se hubiera interrumpido ayer. Pero, como todo amor, hay que cuidarla…

La amistad está hecha de intimidad y de respeto, de admiración, de lealtad. Julián Marías lo define como un sentimiento elegante. Y es cierto, porque la amistad es amor de benevolencia. En él no hay nada concupiscible, no debe haberlo, si no, deja de ser amor de amistad.

El amigo no te quiere por lo que le das. Su único afán es “sacar de ti tu mejor tú” y tener tiempo para disfrutar de tu compañía. Suena cursi el verso de Salinas aquí, pero pienso que vale para la amistad, aunque él lo aplique a la amada.

Cicerón se pregunta: “¿qué cosa más grande que tener a alguien con quien te atrevas a hablar como contigo mismo?” Me parece pobre, con todos mis respetos, porque creo que no hay cosa más tediosa y circular que hablar con uno mismo. Encuentro más afortunada la idea de Horacio cuando lo llama “la mitad de mi alma”.

La amistad nace, digo, de la admiración, de intereses comunes, de puntos de vista afines, y se proyecta en afanes conjuntos, necesita tiempo para madurar, es enemiga de la prisa. Si las cosas compartidas son elevadas, tanto mejor.

Ojalá siempre haya tiempo y lugar para disfrutar de los amigos. Pienso que, de alguna manera, los blogs son un punto de conjunción de espíritus afines, aunque… ¡son tan limitados!

¡Brindemos por la amistad!