domingo, 29 de abril de 2007

Foto-finish

En mis auriculares, “To the West”, interpretada por Annie Lennox, el tema original de The return of the King, de Peter Jackson. Banda sonora que, entre otras, me ha acompañado en la escritura de Las cisternas agrietadas, novela cuya primera versión he terminado hoy.

Me ha costado llegar a este punto. Las últimas semanas me han exigido un gran esfuerzo intelectual y creativo para hilvanar retales, fragmentos, ideas, que he ido recogiendo en el cedazo de mi experiencia hecha imaginación durante los últimos meses. Todo sin emoción sensible. Pero ya ayer, cuando enfilaba el clímax del relato, me acudían las lágrimas a los ojos. Hoy, sentimientos contradictorios que no me resisto a dejar por escrito también.

Por un lado, el gozo de la liberación. Porque esta novela me ha implicado tanto y es de algún modo tan oscura y tan personal que me ha venido afectando. A la sensibilidad, a la percepción racional, incluso al comportamiento. Necesitaba decir –gritar- lo que en estos 190 folios digo; era una necesidad exorcizadora, catártica. Aunque suene a dicho.

La pena, por otra parte, de la despedida. De unos personajes a los que he maltratado, he puesto en situaciones extremas, he machacado, para ver cómo reaccionaban. O, prefiero pensarlo así, la despedida triste de quienes han llevado vidas desgarradas de las que uno solo ha sido cronista.

Confieso que tengo cierto pánico, inseguridad a que lo que tenía que decir, tal y como lo he dicho, no interese. Es una novela muy psicológica, con mucha “filosofía” (espero que no barata), que trata de afrontar algunas de las grandes cuestiones actuales, muy espiritual, religiosa, cristiana, existencialista... Con pretensiones, en definitiva, que van mucho más allá de contar una historia cuya peripecia son las vidas y las reflexiones de cuatro jóvenes casi treintañeros. Una apuesta arriesgadísima, cuyo final más razonable sería el fracaso. Pero será un escalón, en cualquier caso. Y a la vez, tengo la confianza de que, aunque pueda haber muchos a los que no guste ese estilo, ese tema, que no conecten, sabía que eso tenía que decirlo.

“Lay down your sweet and weary head. Night is falling. You’ve come to journey’s end... And all will turn to silver-glass, a light on the water. Greys ships pass into the West”. “Hacia el Oeste”. Un grito enrabietado a nuestro Occidente.

2 comentarios:

Francis dijo...

No te preocupe que no interese. Tú has hecho lo que llevabas dentro, y eso es el arte. Tal vez haya que retocarla (seguro que habrá que hacerlo); pero aun cuando nadie te la aceptase (cosa que seguro que no pasará), tienes la certeza de que has escrito lo que debías y querías escribir. Y con eso basta.

mamma dijo...

pues eso,muy bien dicho Francis