viernes, 20 de abril de 2007

Elegía

Nos rodean continuas catástrofes en todo el mundo (matanzas indiscriminadas a manos del ser humano, y no generalmente en los países desarrollados); nos rodean glotones de poder, de dinero; nos rodean cabrones proxenetas y clientes ávidos que hacen lucrativo el negocio de la explotación; nos rodean políticos tan sin principios como nuestra decadente Europa llenos de hipócritas blablabla; nos rodean sectarios para los que ¡siempre! la culpa es de los otros. Nos rodea el pecado a escala sideral. Nos cerca.

Y, sin embargo, todas esas enormes tragedias palidecen ante la cercana. Ante la muerte inesperada de un crío de trece años, ante el sufrimiento del conocido que pierde a su hijo, ante el amigo que pierde al amigo. Misterium iniquitatis, también el de la muerte, esa cosa tan contra natura en la que los que realmente quedan difuntos son los vivos.

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