sábado, 14 de abril de 2007

Cuaderno Romano

Sábado, 31.III.2007

(Viaje en el autobús)

La noche se fue de los cristales horas ha. Yo no estaba para espiar la desnudez del sol saliendo del mar a la altura de Génova, perdido como estaba en un sueño incompleto.

Después de un aseo superficial en una de esas estaciones de servicio que escoltan la carretera de la costa, hemos salido en dirección a Siena, donde asistiremos a Misa y -un año más- nos desparraremos por la Piazza del Campo para comer un almuerzo empaquetado.

Ya hemos pasado el tramo desde el que se contempla la costa a ráfagas intermitentes, como flashazos entre túnel y túnel. Desde el primer momento de posar la mirada en la tierra italiana, se advierten las tonalidades mediterráneas casi cochambrosas que dan esa belleza de daguerrotipo al lugar.

* * *

Sobre el paisaje se extienden vedijas de nube, como si en medio del día soleado se hubieran desprendido de la tramoya del cielo.

* * *

Pasamos Carrara. Las canteras asoman entre dos lomas, esquilmadas por los mordiscos que nutrieron la belleza del arte italiano.

* * *

La Toscana. El sol se decanta sobre prados, lomas y castelli, dejando posos de sabor indescifrable. Y si acaso un tramo del paisaje muestra una apariencia agreste, siempre aparece la belleza, aunque sea gracias a una franja de cualquiera de los abundantes verdes que por aquí y allá se extienden.

Lunes, 2.IV.2007

Estuve en el Vaticano tratando infructuosamente de contactar con msr.Gioia y recoger nuestras entradas para la Vigilia, éstas en el Portone di Bronzo. Aprovechando el viaje, compro sobres y sellos en la Posta vaticana y, tratando de apagar el desaliento, trazo mi ruta en el mapa.

Ha pasado una hora y Roma ha terminado con mi apatía. Por un momento, al entrar en la Piazza del Popolo desde Cola de Rienzo y el puente de Reina Margarita, me he creído Stendhal. ¿Me estaré autosugestionando o ciertamente aprecio más que nunca la hermosura que esta ciudad ofrece por doquier?

He atravesado las vías Boecio, Virgilio, Horacio, Tácito o Gabriele d'Annunzio. Si no fuese porque tanta solemnidad es rota enseguida por un puesto ambulante donde venden escobillas para el baño de lo más hortera o por el "uuuuy" de un casi-accidente de los que se suelen producir aquí, uno se pondría a andar de puntillas bajo la mirada de tanta Historia.

Me he subido al Pincio para escribir estas líneas. Sudo. Y me reafirmo en lo que ayer Luis sugería: que Roma es una ciudad para ver a la caída de la tarde. Sus palazzos no están cubiertos de oro o metal para que brillen bajo los rayos de un sol desmesurado como los gestos de un napolitano. Su glamurosa cochambre es más bella golpeada por un sol oblicuo que lo llena todo de sombras y de un barniz flambeado que nos da el verdadero rostro de esta ciudad crepuscular.

Sábado, 7.IV.2007

Escribir desde el Palatino tiene el peligro de caer fácilmente en los extremos. Ofrecer palabras livianas, demasiado superfluas para un lugar así. O querer igualarse con los poetas latinos, ponerse a la altura de los muros que un día se elevaron en torno, y parecer pedante, sonar hueco, hinchado, inoportuno.

Sábado Santo. Dios muerto.

Aupado en un promontorio en plena Domus Flavia, al pie de un pino de alta y achatada copa, puedo columbrar entre la calima polvorienta de la tarde la cúpula petrina.

Sólo separadas por el Tíber, se enfrentan de la que llegó a ser decadente Roma tras iluminar Europa las ruinas que fueron cimientos de una nueva civilización, y ésta, que desde la ladera del Gianicolo abraza al mundo entero, incluyendo esa Europa que alumbró y que no quiere saber nada de ella, imaginándola decadente, caduca.

Pero ambas Romas no se enfrentan. Se saludan, se tienden la mano, y gritan a la ruinosa Europa que no rompa ese diálogo, si no quiere renunciar a su más alta tarea: seguir siendo el faro del mundo.

Sábado Santo. Dios muerto.

[Postdata del 14.IV.2007: recuerdo ahora algo que Luis dijo quizá sin demasiada intención, que de las vistas desde la cúpula de San Pedro la que realmente impresiona es la interior, hacia el baldaquino etcétera, no la que muestra toda Roma. Mirada interior vs. pináculo del templo]

6 comentarios:

Terzio dijo...

Benvenuto!

De Roma, impresiona tanto los que estuvieron, como los que pasaron; los romani di Roma, y sus amantes (seducidos?), todos con un antes y un después de Roma.

Se te nota il baccio di Roma.

+T.

batiscafo dijo...

¡Gracias por tan magnífica crónica! ¡La esperábamos como agua de...abril!

Agus, no se te da nada mal la prosa poética, por mucho que insistas: me ha transportado de golpe a la bella Italia.

Hay muchas imágenes en este texto que me gustan: las ráfagas intermitentes de la costa entre túnel y túnel;las canteras de Carrara,la luz oblicua desde Pincio.

¡Qué gran verdad lo de las dos Romas! Ojalá no olvidemos las lecciones de la Historia.

¡Y he aprendido lo que son las vedijas! ¡Ya me puedo ir a dormir! De nuevo, gracias.

Agus dijo...

Lo de las vedijas creo que lo aprendí en el Quijote, que ando ahora leyendo entre carcajadas. El viaje de ida lo pasé riendo y haciendo partícipes al resto de mis descubrimientos: Pentapolín del Arremangado Brazo, Espartafilardo de la Fosca Vista, Luscinda, Cardenio, etc., etc., etc.

Me influyó mucho en la mirada el haberme leído días antes a Trapiello, que en su último tomo de diarios también cuenta un viaje a Roma.

De todas maneras aquí sólo queda anotado lo hechizante. Nada de las contrariedades que el cansancio de una Semana Santa repleta causa en un organismo limitado como el mío.

Eso sí, esta vez más que nunca he pensado que viviría en Roma. Es suerte tener gente cerca que te enseña a amarla.

Terzio dijo...

Es que las Semanas Santas deben ser así: Repletas.

El cansancio, es natural y sobrenatural, también propio de la celebración.

Y si es en Roma, pués tú dirás, que ya lo sabes.

Y el año que viene, Dio piacente, más!

P.s. Por cierto, que pareces ducho y con soltura al hablar y escribir "Portone di Bronzo", por ejemplo; y no sé por qué no has contado el taconazo del suizo alabardero, que eso impresiona mucho al vulgo, te lo aseguro.

+T.

Agus dijo...

Me gusta, sí, el italiano, me gusta hablarles en mi italiano para principiantes a los romanos, me gusta ser del país que visito. Pero no salgo del Portone, piacerebbe, scusi, pregho, etc.

Los alabarderos svizzeri, y la visita que hicimos a Paco Vázquez, y los gritos de Luis en la Curia romana -"Quosque tandem..."-, y la veglia pasquale, y los musei vaticani... Me dejo muchas cosas, pero no supe ponerlas por escrito.

El año que viene, más, eso espero.

vidanueva dijo...

Al leer tu crónica, he vuelto a revivir la experiencia de mis Semanas Santas romanas.Han sido tres y todas cuajadas de luz del Lazio. En esos días, Roma te devuelve a la comodidad sencilla del alma. Presagio del Cielo, ciudad eterna, Roma...