viernes, 9 de marzo de 2007

La devaluación de las instituciones

Así titula El País un editorial en el que carga contra la manifestación convocada para mañana por el PP.

En una cosa estoy de acuerdo con ellos, las instituciones están devaluadas, pero devaluadas por quienes aprueban (y los medios que los apoyan) reformas estatutarias que no llegan al 50% de participación o que son sólo apoyadas por un tercio de los votantes, devaluadas por quienes (todos los partidos) perpetúan un CGPJ politizado, favorecen a sus grupos mediáticos, hacen política-ficción olvidando los problemas cotidianos de los ciudadanos, quienes mienten más que hablan, quienes no tienen principios y sólo se preocupan de hacer de cada tema un arma arrojadiza, quienes utilizan las instituciones para incumplir la ley o someterla a fraudes (hoy el sangrante retorno a casa de De Juana, ayer la no aplicación de la sentencia contra el antenicidio, etc., etc.). Devaluadas en definitiva por una democracia deficitaria, una democracia partitocrática en un país de zotes como el nuestro (echen cuentas de Premios Nobel). Sólo quedan las tribunas culturales, la calle, las ONGs, las asociaciones cívicas... La pena es que algunas de éstas y una masa amplia de ciudadanos se están prestando al juego de abandonar su sentido crítico en manos del partidismo, ya sea por “amor” al suyo u “odio” al de enfrente.

Cito uno de los comentarios a esa editorial -firmado por un tal Jose Sanchez Anton- que creo certero:
Me parece que lo que trata el PP no es desacreditar las instituciones sino más bien capitalizar en su favor la opinión generalizada sobre la vergonzosa e inaceptable política del PSOE al respecto del terrorismo. Es el PSOE el que claramente no oye a los ciudadanos en este asunto. De todos modos es la clase política española en su conjunto, sea el PP o el PSOE, IU, etc, la que se está desligando cada vez más de los intereses y puntos de vista reales de los ciudadanos de "a pie" y así está ganando nuestra desconfianza y nuestra nausea colectiva. Repito que es el conjunto de los partidos y políticos el que no parece obrar por el bien publico sino por su propio interés.

Lo más penoso es que el paso que ya se está dando tras la devaluación de las instituciones es el de la devaluación de los medios de comunicación. ¿Uno se pregunta qué autoridad moral puede tener un medio de comunicación al que le parecen bien las cosas dependiendo de si las hace su opción política o la de enfrente, que lo mismo es clamor popular o rebelión callejera dependiendo del partido que lo apoye? Lo dicho, pocos luchan aquí por la libertad, sino por tener el poder para imponer su ley.

2 comentarios:

apologetiquístico dijo...

Frederick Jimenez TheSants

Agus dijo...

The Saints en todo caso, epigramático.