jueves, 15 de febrero de 2007

Ser católico consciente y escritor

Me alegra haber recibido su carta. Quizás resulta más sorprendente que yo encuentre alguien capaz de reconocer la intención de mi trabajo que usted encuentre una escritora preocupada por Dios cerca de usted. [...] Escribo de la forma que escribo porque (no aunque) soy católica. Es un hecho y nada mejor que declararlo abiertamente. Sin embargo, soy una católica particularmente dotada de una conciencia moderna, esa que Jung describe como ahistórica, solitaria y culpable. Estar dotada de ella dentro de la Iglesia supone soportar una carga, una carga necesaria para un católico consciente. Se trata de sentir la situación contemporánea en sus niveles más profundos. Creo que la Iglesia es la única que puede hacer llevadero el terrible mundo al que estamos abocados; lo único que hace llevadera la Iglesia es, de algún modo, el cuerpo de Cristo y que con él nos alimentamos. Parece un hecho que usted ha sufrido tanto a causa de la Iglesia como por la Iglesia, pero si cree en la divinidad de Cristo, tiene que apreciar el mundo a la vez que se esfuerza en soportarlo. Ello puede que explique la falta de amargura en mis relatos.

Estoy harta de leer reseñas que definen "Un hombre bueno es difícil de encontrar" como un libro brutal y sarcástico. Los relatos son duros, pero son duros porque no hay nada más cruel o menos sentimental que el realismo cristiano. Creo que hay muchas bestias que se acercan a Belén a nacer y he informado sobre el progreso de algunas, y me sorprende que estos relatos sean calificados como historias de terror, porque el autor de la reseña siempre se fija en el horror equivocado"

Flannery O'Connor, en su epistolario editado bajo el título El hábito de ser. Tomo la cita de un artículo de 2004 de Aceprensa (sólo para suscriptores).

3 comentarios:

Terzio dijo...

Vale; bien; sí; venga; en fin...

Pero tú no te flanneryces, please (una pinceladita, si cabe, no más), ¿eh?

Bueno, pues eso.

+T.

E. G-Máiquez dijo...

Flanneryzar, un verbo cada vez más necesario.

Y además la cita es estupenda.

Anónimo dijo...

Cada vez huyo más de las "terribles cargas" subjetivas siempres, de la excesiva importancia que nos damos a nosotros mismos. A fin de cuentas, somos un pigmeo entre un universo desbordante de creatividad. Me gusta el pensamiento sencillo, semejante a la mente del chiquillo que no entiende las complicaciones de los adultos. A fin de cuentas, eso somos... o eso debemos ser