jueves, 8 de febrero de 2007

Capitulando

Las palabras que mejor se adecúan a cómo percibo el proceso de escribir una novela se encuentran en esa famosa imagen de Miguel Angel acerca del arte de la escultura como una ablatio, como un esfuerzo por quitar lo que sobra del bloque de mármol. La estatua está ahí.

Puede sonar vacua o impostada -o pedantesca- la famosa afirmación de que los personajes son libres, tienen sus propias reglas, su autonomía. Pero es así, y si el autor no funciona de acuerdo a ese principio, me temo que los resultados serán pésimos. Es parte de la verosimilitud que se le exige a la obra de arte.

Estos días, entre los momentos de lucidez que me deja una gripe prolongada, investigo en el pasado de mis personajes. Trato de inspirarme en la idea clara de que, como narrador, he de evitar el juicio sobre ellos. Como la forma que puedo vislumbrar dentro de ese bloque de mármol que hay ante mí, mi idea global de la novela se mueve en tres planos temporales: presente de un grupo de jóvenes que se acerca a los 30, presente-8 meses y adolescencia de estos personajes. Mi labor es ahora, por una parte, esculpir la vida de estos cuatro seres, e incluso la de las personas más cercanas a ellos. Por otro lado, doy vueltas a las ideas madre que quiero empapen la novela, en ocasiones con ayudas de libros, de películas que estos días de convalecencia devoro. Todo se mueve en semejante órbita: redención a través del dolor, redención a través de la muerte, redención a través de la recuperación de la memoria, redención a través de la confesión de las culpas, redención a través de los errores, redención de los afectos, redención de la inteligencia, redención de la voluntad. Efectivamente, en una palabra, redención.

(Esto es, sí, una capitulación a mi propósito de silencio. El detonador ha sido Luis, que en una agradable conversación telefónica que ha derivado por derroteros creativos me sugería que lo hiciese)

7 comentarios:

Terzio dijo...

¿Pero tú no estabas en las Batuecas?

Agus dijo...

Estoy con gripe, anyway.

Terzio dijo...

¿Te mando un cordoncillo de San Blas, o te bastan las aspirinas?

No sé si las gripes son buenas para la novelación; en el XIX, las tisis inspiraron bastante, pero no es el caso, ¿verdad?

De todas maneras, una vaga languidez enfermiza puede servir. Aprovéchate.

+T.

Agus dijo...

No es necesario, aún guardo los que me mandó el año pasado. En mi caso, el estilo que busco se pelea con el decadentismo febril.

Terzio dijo...

Pués un copazo de ron con clavo y limón, y a sudar y a escribir.

+T.

Anónimo dijo...

Pero qué pedante por Diossss.

Agus dijo...

¡A tu salud, hermano!