jueves, 25 de enero de 2007

Voto por los libros

La lectura es viajar donde nunca podríamos (quizá la globalización haya mitigado parte de su encanto); conocer a tanta gente como seríamos incapaces de conocer a lo largo de una matusalénica vida; escuchar las voces de nuestros ancestros y construir sobre ellas.

La lectura nos une al torrente cultural de la Humanidad, nos pone en sintonía con los gigantes que nos precedieron. Gracias a los libros, dialogamos en torno a una mesa con Platón, escuchamos diatribar a Cicerón en el senado romano, conocemos al genial obispo de Hipona, y conocemos los argumentos hecho personaje de las eximias plumas -valga la tópica expresión- de Dante, Calderón, Shakespeare, Cervantes, Victor Hugo, Dostoievski, Dickens, Tolstoi, hasta los futuros clásicos que ya escriben en nuestro tiempo y todos los que no he leído y quizá nunca lea.

No es extraño que, a pesar de que hoy en día somos más los que leemos, se lea menos. Cuando se pisotean las tradiciones y la historia precedente y el progreso -valor máximo- se construye sobre la continua negación y sospecha de nuestros muertos. Qué pena olvidarnos no sólo lo inteligente, sino lo agradable de escuchar a los mayores, quienes -como dice Platón- “han recorrido por delante un camino por el que quizá también nosotros tengamos que pasar, (...) si áspero y difícil o fácil y expedito” o burlarse de la tradición como si hubiese que inventarlo todo de nuevo, obviando que es “la democracia de los muertos”, en palabras de Chesterton.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Sí, ciertamente casi todo lo bueno que hay en nuestra época proviene de las tradiciones de antaño.

El Progreso se ha convertido en el dios de nuestros días.