sábado, 27 de enero de 2007

Donde reside el optimismo

En la lectura del Apocalipsis observamos que la humanidad se mueve cíclicamente. Siempre hay horrores que se solucionan pero dan paso a otros nuevos, y no se ve que se augure un estado saludable para el hombre a lo largo de la historia. En el cristianismo no hay motivos para que las cosas humanas tengan que ir necesariamente a mejor; en cambio, es propio de la fe cristiana tener la certeza de que Dios nunca abandonará al hombre y, por tanto, la humanidad nunca acabará en un total fracaso, aunque a muchos les parezca que hubiera sido mejor que la humanidad nunca hubiera aparecido sobre el planeta.

Por otra parte, ese esquema de optimismo y pesimismo, está fuera de lugar. El cristiano sabe, como cualquier hombre dotado de razón, que en la historia suele haber grandes crisis; tal vez ahora nos encontremos ante una de ellas, y sabe, también, que esas crisis no se pueden solucionar automáticamente; no disponemos de un interruptor para girarlo a: "positivo". Por lo tanto, seguimos continuamente amenazados por las contrariedades. Pero el cristiano tiene, sobre todo, un último recurso y es que Dios sostiene al mundo en sus manos, cuidando de él de tal forma que, incluso, después de un horror como el de Auschwítz, que a todos nos conmueve las entrañas, el mundo puede rehacerse de nuevo. Porque Dios es más fuerte que el mal"

Joseph Ratzinger, La sal de la tierra

No hay comentarios: