jueves, 18 de enero de 2007

Cotidianiedad

A veces, cuando vuelvo a casa después del trabajo, bueno, pues estoy cansada. Pero siempre hay café sobre la hornalla y a veces carne en el congelador. Los chicos encienden fuego para hacer carne, charlamos, nos contamos unos a otros cómo fue nuestra jornada y cuando la cena está dispuesta, me doy cuenta de que tengo muy buenos motivos para sentirme feliz y agradecida. Y por eso digo entonces: Gracias, Señor. Y no lo digo sólo porque debo, sino porque siento necesidad de hacerlo”

(Truman Capote, A sangre fría)

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