jueves, 30 de noviembre de 2006

Renacimiento

P. ¿Abundan hoy escritores de la altura, profundidad y honradez intelectual de Chesterton, Lewis, Muggeridge, D.Sayers?

R. Actualmente, hay pocos escritores del calibre de estos gigantes de la literatura. Pero creo, por las razones que he dicho anteriormente, que -citando a Bob Dylan- "los tiempos están cambiando". Percibo que una Iglesia revitalizada será la catalizadora de una nueva generación de grandes escritores y artistas"

Entrevista en la revista Palabra a Joseph Pearce, autor de Escritores conversos, un libro sobre escritores conversos británicos del siglo XX. Jugosísima entrevista, luminosa y animante. Si cabe y eso, pondré algunas citas próximamente. Aunque voy comprobando que este tipo de promesas se pierden en el Internéter.

miércoles, 29 de noviembre de 2006

La jerga abertzale

Y cómo, que uno se asoma al periódico a ver a esos etarras feos por dentro y por fuera, y se dice que escuchar a esa gente (y a quienes los justifican, víboras) es como hacerlo con los futbolistas. Tanta influencia, tantos tópicos y lenguaje torcido, tanta impresión de cabeza de chorlito. Pero, al cabo, los futbolistas, pobres, a lo más, sólo rompen un ligamento, no te vuelan la cabeza principiando por la nuca.

martes, 28 de noviembre de 2006

Perkeo

¿?

Sí, Perkeo. Una ilusión que nació hace más de una década como un foro cultural para alumnos del colegio Tajamar y se refundó gracias al aliento insustituible de Luis Arenal dando forma a esta "revolución humanística" que ahora empieza a eclosionar como vislumbrando una nueva primavera del espíritu. Perkeo, tras años de perseverancia, es ahora un grupo del que cabe pensar sin temor a considerarse un pobre iluso que dentro de pocos años informará ambientes intelectuales y culturales de una profunda visión humanística cristiana.

Sentía hoy la necesidad de hablar de una de las pasiones que da aliento a mi vida. No tengo muy claro si son los efectos de la camaradería, de la esperanza que me ilumina al contemplar a este grupo de jóvenes universitarios alimentando su mente, o simplemente de la cerveza que hoy he zampado.

Hablando esta tarde de Tolkien, de su amigo Lewis, de sus Inklings, de su pasión por las Humanidades, del gusto por la cerveza, y el tabaco, y el caos, y sus clases, y sus trajes de tweed, y su amor por las tradiciones (el mismo que Chesterton, que Ford, que todos a los que amamos), creo que quienes nos hemos reunido en ese pequeño saloncito sito en la frontera entre Vallecas y Moratalaz, hemos percibido -quizá sin ser conscientes- que, por qué no, también entre nosotros reinaba un espíritu de amistad semejante, de unión a través de esos ideales humanos que merecen realmente la pena, de interés por lo que alrededor sucede; también nosotros nos gozamos charlando sobre, es un decir, qué pasa con Europa, o bebiendo un refresco, una cerveza, con aceitunas (eso sí, rellenas), o discutiendo sobre el cine actual o sobre Kapucinsky y Bresson, Knox, Newman, Chesterton, Moro, Prada, Jiménez Lozano, y Charlie Parker o cómo adaptarse al Internet que viene... Y por supuesto, hablando sin complejos de Benedicto XVI o Juan Pablo II.

Y mirándonos unos a otros, con las púpilas brillantes, queríamos soñar que, por qué no, también de nosotros se hablará cuando tal vez Carlos llegue a ser un importante político; u Óscar, director de un periódico; quizá sea Javi abogado y columnista de algún medio importante y Jorge presentador de algún programa de televisión; o Francis, guionista, escritor, crítico de cine o qué sé yo. ¿Será Quique, cuando llegue a experto en inversiones bursátiles, el que nos dé nombre? ¿O Sergio, corresponsal en algún exótico lugar? Puede que Luis, además de catedrático, llegue a Ministro de Educación. Pero eso no importa demasiado. Porque, sea como sea, mientras mantengamos vivo Perkeo, aunque nadie llegara a saber de nosotros, podremos seguir sintiendo ese placer emocional sublime que mezcla la amistad con el amor por el conocimiento. Aunque eso "no sirva para nada". Aún más, porque eso "no sirve para nada".

Si todavía no queda claro qué es Perkeo, esta canción podría ser un himno perfecto:



(Sobre el origen del nombre "Perkeo", debemos a don Rodri que bajo el aire de mitología griega se esconda una realidad más pícara y dicharachera, que capta a la perfección lo que hemos llegado a ser. Otro día explicaremos quién es ese borrachín).

lunes, 27 de noviembre de 2006

Graham Greene

Mis libros son sólo el reflejo de la fe o de la falta de fe, con todos los matices posibles entre estos dos polos. No veo por qué me tienen que colocar la etiqueta de escritor católico. Soy simplemente un católico que es, también, escritor” (Graham Greene)

domingo, 26 de noviembre de 2006

La jerga eclesial

Quizá fue la lluvia y el sueño lo que ayer hizo que se me inflamase demasiado el sentido crítico, autocrítico, corporativo. Me quejaba a Luis de la "jerga eclesial", tan habitual en algunas homilías. Él me contaba la anécdota que le contaba un cura, al que un borracho en pleno estado de lucidez (esto es, de embriaguez) le decía: "¿Sabe lo que quitaría de la Misa?"; el cura entre la sorpresa y la diversión le pidió resolver la duda. "Las homilías, todas las homilías".

Yo sólo pido que las homilías se reduzcan al lugar destinado para ellas (no soporto esos añadidos en el introito, en el previo al Padrenuestro, en el previo a la paz, en la precomunión, antes de itemisaestar al pueblo...) y que se abandone esa jerga eclesial que permite no decir nada diciéndolo, al modo de los políticos. A veces uno tiene sensación de que hay quien oculta la falta de formación, de ideas o de preparación, con un discurso construido a base de frases de jerga, vacías. De lo que no se dan cuenta es que el pueblo "desconecta" porque no le llega -lógicamente- el mensaje, y que el espectador -que debiera ser oyente- a veces siente vergüenza ajena. Entiendo que el género homilético no es fácil y que hay que ser riguroso y profundo, pero tenemos la urgente necesidad de despojar de ganga y de horterez el lenguaje que a veces hoy está transmitiendo el mensaje cristiano desde algunos púlpitos.

Por contra, me ha gustado mucho leer algunos trozos de la carta que el nuevo obispo de Palencia, Monseñor José Ignacio Munilla, ha dirigido a los jóvenes sobre el tema de las drogas. Fundamentos humanos y morales para transmitir un mensaje positivo, de libertad, con un lenguaje accesible al joven de hoy para que se sienta interpelado (alguno dirá que va de guay, pues muy bien).

Aquí lanzo el guante para desarrollar y matizar el debate. Quehoy escribo a matacaballo.

sábado, 25 de noviembre de 2006

¿El lenguaje se desgasta?

Muchas veces hemos oído decir cosas como “Tu libro me gusto, pero en serio, eh”, “Lo lamento mucho, de verdad lo digo”, “No sé cómo decirte esto”. Los hablantes que tratan así sus enunciados, rodeándolos de recelo y tratando de certificar su autenticidad, se sienten incómodos porque no les queda más remedio que usar fórmulas que, de tanto repetirse, han perdido su valor comunicativo, han perdido la capacidad de expresar cabalmente algo. Las fórmulas son palabras dichas, redichas. Al pronunciar una, “oímos” la voz de otros diciendo lo mismo infinitas veces. El enamorado que dice “te quiero” puede percibir que esa frase no lo expresa a él, en la experiencia única, intransferible, del amor, sino a todo el mundo, y que, por lo tanto, destruye la cualidad más valiosa de esa experiencia, y traiciona su intención de comunicarla.” (Graciela Reyes, La pragmática lingüística, Arco/libros, 1990)

Hay que decir de tal modo, que aunque otro, infinitos, lo hayan dicho antes, parezca que lo ha dicho antes uno” (Andrés Trapiello, Locuras sin fundamento)

viernes, 24 de noviembre de 2006

A-way to Inisfree

Mi querido hermano, al que tanto me gusta llevarle la contraria y darle en la cresta si surge la ocasión, escribió hace unos días una bella entrada sobre el significado de Inisfree, con música incluida. A modo de comentario crítico sólo diré que el paraíso del capolavoro de Ford es Inisfree, que no Innisfree. Éste es el de la canción, inspirado en el poema de William Yeats "The Lake Isle of Innisfree", como la canción que lo exalta. Y en Ford no es una isla, sino un pueblecito imaginario cuyos parajes son los del Galway real.

Dicho esto, no tengo más que felicitar a Francis por haber tenido la suerte de vislumbrar al doblar el recodo los tejados de Inisfree. ¡Bienvenido! Hay sitio para todos.

Inisfree es allí donde todos los deseos son puros, las intenciones rectas, los amores limpios, las peleas son una cuestión honorable, y los insultos acaban siempre con una canción en la barra del bar, con una cerveza en jarra. En Inisfree la lluvia es un cendal que saca brillo a este gastado mundo hasta hacerlo relucir como la plata. Hay quizá corazones marchitos y espíritus caducos que se sonríen con cinismo al entender lo que Inisfree significa. Porque creen que no existe. Pero en Inisfree estamos y vamos de camino; a veces huimos desde esta vida hacia él, y otras veces sabemos encontrar en ella los chispazos de esa realidad intangible.

Inisfree es un tesoro que hay que conservar, y que en ocasiones perdemos de vista. Por eso merece la pena hacer un voto de felicidad cada vez que encontremos el camino para volver. Inisfree nos espera, y allí quienes nos importan aguardan impacientes a que nos reunamos con ellos. Como decía Chesterton, "donde está Irlanda, está la familia", y qué es el paraíso que nos espera sino un Hogar, donde la cerveza correrá en abundancia, las carcajadas resonarán con suave estrépito y ya nada manchará nuestra alma, limpia y purificada como la de Sean Thornton.

Mi reseña de El hombre tranquilo en Cine 100%

jueves, 23 de noviembre de 2006

Revista de prensapatetismo

“Los expertos aconsejan sexo contra las rupturas”, titulaba hoy el diario gratuito Metro su portada.

Es para analizar lo de "los" y lo de "expertos".

La noticia parece ser que Bayer promocionaba una técnica terapéutica. Para ello presentó unos datos obtenidos de entrevistar a 1000 mujeres adultas. Comentaban los datos Miren Larrazábal, psicóloga sexóloga, y Francisco Cabello, médico sexólogo.

Los fundamentalistas islámicos turcos que ayer invadieron el museo-basílica de Santa Sofía y que han convocado una manifestación el domingo contra la visita del Papa, han elegido un lema que los describe: “No dejéis que el Papa insidioso e ignorante venga a Turquía”. Telita.

miércoles, 22 de noviembre de 2006

Democrats for Life

Un amigo me pasa el enlace a la página web de "Democrats for Life". Y a uno se le ilumina la mirada viendo que las aguas van volviendo a su cauce. "Cuando toda esta mierda haya pasado...", como dice Marcellus Wallace; cuando los frutos acibarados de la revolución sexual vayan mitigándose se supone que habrá mayor libertad para elegir a los representantes políticos. Me cuesta imaginar cómo será -porque será- una España cuyos representantes políticos no tengan en sus programas aberraciones tan graves que le veten a la conciencia ética de uno la posibilidad de plantearse votarlos. Pero debe ser una gozada. Otros problemas habrá, no me chupo el dedo, pero será como quitarse una losa de encima.

martes, 21 de noviembre de 2006

A la contra

Mantener un blog es una tarea sacrificada. Casi abnegada si uno se esfuerza por hacer de cada entrada algo que merezca la pena leer, que pueda sorprender al que se arrima a este rinconcete. El otro día me decía un buen amigo refiriéndose a mi blog, que soy "incendiario". Y, bueno, de primeras me sentó mal, porque no quiero ser un profeta de catástrofes, ni un gruñón inquisidor. Pero luego pensé que Chesterton, por ejemplo, también era un incendiario según esos parámetros (quiero creer). Me gustaría ofrecer reflexiones interesantes, de un modo positivo, pensamientos proactivos, no fruto de una reacción, de una pura defensa. Pero hay que reconocer que mi lógica se aguza especialmente cuando se dedica a buscar por dónde hace aguas una reflexión, especialmente cuando me resulta del tipo sarpullido-mental-al-contacto.

Hoy no tenía alguna idea feliz que sembrar aquí, así que he echado un vistazo a la sección de opinión de El País. Bingo. Apenas unos segundos y me encuentro este tesorazo. En su columna de la contraportada, Rosa Montero carga contra la Iglesia (católica, of course) por ser tan retrógada y tan contraria al progreso. A cuenta de las sedaciones terminales. Termina diciendo que "lo increíble es que la sociedad civil se deje influir por semejantes lumbreras", refiriéndose a los jerarcas de la Iglesia. Pasado el primer momento de enervamiento al leer a semejante "lumbrera", me froto las manos y me pongo a ello.

En la web sale mutilado el texto, falta la primera parte en la que Rosa Montero sale en defensa de esa hermanita de la caridad que es el doctor Muertes... digo, Montes. De ahí pasa a las sedaciones terminales, que si intolerancia, que si las religiones son fuente de intolerancia -y Galileo, por si acaso-, que vaya con la Iglesia oficial y el tópico del cura tontorrón que no sabe de lo que habla. Lo dicho, si es que está claro: los católicos "oficiales" (?) son tontos. Ole, ole y ole... Triple salto mortal y sale ilesa.

A ver, Rosita, hija mía, un poquito de hondura en tu columna, que para eso te lee un kiki de peña. Responsabilidad intelectual. Pues no va la pedazo de lumbrera y dice que "¿Por qué fastidian tanto con los cuidados paliativos" estos intolerantes de matriz religiosa? Eso digo yo. Con lo fácil que es que te den el matarile y dejes de sufrir. Para qué desarrollar y cuidar con mimo la medicina dedicada a hacer pasar de la mejor manera los últimos momentos. Pa qué, a ver. Si te duele la cabeza, te la cortas. No hay manos, no hay galletas.

"¿Acaso porque creen que la muerte es su negociado y pueden perder clientes?", dice. Y estoy seguro de que se lo cree. Yo he tenido la suerte de compartir mesa y mantel con amigos en la cuarentena-cincuentena que exclusivamente consumen "made in PRISA" y que me dijeron que el sacramento de la confesión es un instrumento de poder, porque los de negro (y púrpura) tienen "la" información. "¿Y esa manía con las células madre?", prosigue nuestra amiga. "Por favor, pero si en ciencia son calamitosos... Hace tres años, por ejemplo, el cardenal Trujillo, portavoz del Vaticano y presidente del Consejo Pontificio para la Familia (o sea, un pez gordo), declaró que los condones no protegían del sida porque estaban llenos de agujeritos por donde pasaba el virus".

Y me digo: venga, vamos a ser rigurosos y buscar lo que dijo Mons. Trujillo. Lo explicó en una entrevista en Zenit en noviembre de 2003. Y aquí unas lumbreras (además en inglés, deben ser listísimos) confirman que la estrategia más inteligente y eficaz de prevención del SIDA no tiene como piedra angular el condón de marras. Se puede buscar la información original de la BBC criticando las postruas de Trujillo. Aunque antes convendría leerse que ejecutivos de la BBC reconocen sus prejuicios.

Tienes razón, Rosa, "lo increíble es que la sociedad civil se deje influir por semejantes lumbreras", pero ahí estamos. Poco a poco. Poco a poco.

lunes, 20 de noviembre de 2006

Indios y vaqueros

Un propósito de enmienda: a partir de hoy, de este mismo instante, seré muy cauto con aquellos que hablan de "malos y buenos". Y trataré de evitar esa dialéctica dualista del fariseo y el publicano.

He encontrado demasiada mezquindad en los que se consideran buenos (en mí mismo) como para entrar a ese juego. Con las reglas de algunos, yo quiero estar del lado de Geronimo.

sábado, 18 de noviembre de 2006

Trabajo de campo de esquizofrenia políticamente correcta

Ayer hablábamos de ser signo de contradicción, y hoy he llevado a la práctica la teoría enunciada. Un poco a regañadientes, todo sea dicho.

Asistía a un seminario del CAP (curso de adaptación pedagógica, necesario para poder dar clase) en el campus de Somosaguas de la Complutense. Constaba de tres sesiones. En la primera se nos ha hablado de "Educación para la ciudadanía". Eran apenas las nueve de la mañana, el día estaba embotado y los palabros logsianos pueden resultar fácilmente petardos en esas circunstancias. Con el tema de la prevención de conflictos me he encasquillado mentalmente. Cómo, me decía, se puede tener la incoherencia de llenarse la boca de semejante buenrollismo (y no lo digo por la seño que nos daba la sesión) y luego desproteger a los alumnos-hijos de las rupturas familiares que los machacan interiormente, los llenan de necesidad de cariño, y en muchos casos de agresividad... Tengo que buscar pero, amén del sentido común y de la experiencia de algún orientador amigo, hay estudios que asocian violencia a inestabilidad familiar. En esas me reconcomía por dentro (sin grandes lamentaciones, todo sea dicho).

La segunda sesión, sobre prevención de la violencia, curiosamente me entró bien. No sé si por la explicación o por la empatía que creaba la seño (sonriente y que me resultaba calcada a la Eowyn de Peter Jackson). Supongo que por ambas cosas.

La tercera sesión, y con ella llegó el escándalo, ha sido sobre aprendizaje cooperativo. Interesante. Impartida por un profesor de instituto de Filosofía. Agradable, cordial, apasionado con lo que enseñaba. De rasgos inspirados en Nick Nolte (y ya se ve que mi capacidad descriptiva es pobre, quiero decir que tenía ya la piel del rostro rastrillada por los años -y quizá el alcohol-, mandíbulas duras, firmes, mirada grisácea, como el cabello, que no era ni escaso ni abundante, bastante para su edad, cuerpo robusto vestido con ropas juveniles...). Su lenguaje estaba preñado de lenguaje logsiano, que huele un pelín a fracaso, pero uno se lo perdona porque se palpa que de verdad cree en ello y trata de llevarlo a cabo con más o menos éxito.

El momento crucial, en el que mi conciencia me ha dicho: es tu hora, ha llegado cuando ha dicho, claramente no recuerdo a cuento de qué: "Hay un ideario político que cree en que hay que hacer ciudadanos de los alumnos" y otro que cree en el individuo, en la competitividad, en mantener las jerarquías de poder.. Toma castañas. Y viene a sugerir que, como en las leyes educativas hay que ponerse de acuerdo, pues la culpa era de quienes no quieren más que formar sucios capitalistas.

Y entonces yo, en lugar de salir en defensa de una ideología política en la que no sé si creo y a la que no tengo que defender, he decidido que iba a romper la losa de lo políticamente correcto que se acababa de instalar en el aula. Con una sonrisa impecable, con un tono talantoso, he sido firme, incluso duro quizá. Le he hecho ver que el problema más que de "la política", así, en abstracto, como él defendía, reside en nuestra esquizofrenia. Porque, y aquí he quitado la espoleta a la granada, ese mismo ideario que cree que hay que hacer ciudadanos de los alumnos y habla tanto de prevención de la violencia, fomenta las rupturas familiares, que tanto daño hacen a los hijos y tanto inciden en las conductas violentas... La alarma ha sonado, la concurrencia se ha agitado haciendo de las mesas un mar de clavículas mecidas por el viento de la heterodoxia. Pronto se han apresurado el profesor y una atenta y participativa compañera (de voz cazallera) a decirme que una cosa no tiene que ver con la otra. "Yo no pienso que eso tenga que ver", decía ella. Y yo, con mirada inocente, de quien no quiere molestar: "no, si no lo digo yo, lo dicen los estudios". Los estudios. Qué demagogo. Y el sentido común, qué coño.

En fin, reconozco que soy un mal ciudadano. El pobre profe ha tardado en recolocarse. Ha balbuceado aquello de "¿y qué van a hacer dos personas, aguantar sólo por...?" y el sonido se pierde, como si un tramoyista hubiese bajado el volumen de la función. Sólo por. Y yo, no, no, si yo entiendo que hay situaciones... pero... otra estocada utilizando palabras propias del profesor de otro momento de la lección, si es que el problema no es sólo la ruptura, sino que el hijo/la hija tienen que vivir el proceso de ruptura afectiva que lleva a la ruptura del matrimonio. (Él había hablado de que muchas veces los chicos/las chicas presencian violencia en su propio entorno, y le tomo la palabra).

Me he sentido victorioso, en paz con la sociedad. No por decir la verdad, porque quizá me falte parte de ella, sino por responder a mi conciencia y actuar contra el pensamiento dominante del aula. O no. Y ya ni la lluvia, ni el atasco, ni el topetazo que nos ha pegado un coche por detrás, me han arrebatado la serenidad.

viernes, 17 de noviembre de 2006

Signo de contradicción

Puede ser que el impulso a llevar la contraria -aunque sea un poco- a la mayoría, nazca fundamentalmente de un deseo enfermizo por singularizarse, una especie de la vanidad. Puede ser. Ahora bien, reflexionándolo serenamente creo que lo más correcto es ser crítico con la mayoría, es casi una obligación ética. Si uno quiere salvaguardar los derechos de las minorías, y por lo tanto del individuo, debe ejercer de conciencia crítica -que no criticona- de la mayoría. Y porque -intuyo que siempre- las mayorías engloban un puñado de personas que forman parte de ella por inercia, comodidad, cobardía, etc.

Toda época tiene una moral políticamente correcta, sea ésta católica, relativista, laicista, evangélica, budista, etc. Y en todo grupo humano se acaba conformando una corriente dominante de un modo natural. Y es entonces cuando la tentación de la marginación al diferente, a la minoría, acecha.

La corrección política no es exclusiva de códigos éticos malos. Pero la corrección política es siempre mala. Implica que uno actúa por aomodarse a un molde social, ya sea a la hora de vestir un tipo de calzado, de practicar una serie de ritos religiosos, de enorgullecerse del ateísmo, de peinarse, de tener un número de hijos determinados... Y siempre hay que velar porque la fuerza de la mayoría no aplaste las libertades ni la dignidad de la minoría.

Leía estos días el documento emitido por los obispos estadounidenses sobre atención pastoral a personas con inclinación homosexual. Ya colgaré próximamente un repertorio de frases, porque es un texto que no tiene desperdicio. Al hilo de lo que cuento, sólo cito:
Esencial para el éxito del ministerio con personas con una inclinación homosexual será el apoyo y liderazgo del obispo y otros líderes pastorales. Una postura acogedora de amor cristiano por parte de la cabeza de la comunidad y de ésta en su conjunto es esencial para este importante trabajo. Esto es particularmente importante porque no pocas personas con inclinación homosexual se sienten mal acogidas y rechazadas.

jueves, 16 de noviembre de 2006

The searchers


He vuelto, de nuevo, a John Ford. Es como hundir la cabeza en un pecho acogedor y sentirse rodeado por un abrazo de humanidad.

Andaba pachucho, encerrado en casa. Y así ha habido ocasión de ver por vez primera en V.O. Centauros del desierto (The Searchers). Se trata de una edición restaurada que he adquirido recientemente. Se agotan las palabras para hablar de la belleza estética de la película, con la limpieza ahora de la restauración. Sólo falta imaginársela en una pantalla de cine.

Me ha conmovido más que nunca el -en palabras de Luis- 'dislocado' Ethan Edwards.

Y me ha servido para reflexionar de nuevo sobre el genio artístico, que Ford poseía, y que supo desarrollar con un trabajo incansable. No es vano recordar que antes de hacer la primera de sus películas de entidad (El delator), ya había rodado decenas -me atrevo a decir que había sobrepasado la centena- que no quedarían para la historia si no hubiesen sido firmadas por él.

Me quedo con el comentario que Scorsese desliza en un documental que acompaña la edición: "describió mejor que ningún director el alma de los Estados Unidos". Yo no conozco esa alma, pero me temo que posee la complejidad, el atractivo, lo repulsivo y la fuerza de Ethan Edwards. Si no, al menos me queda la seguridad de que describe como nadie el alma del propio Ford.

miércoles, 15 de noviembre de 2006

Votantes de valores

Se avecina una lucha por los “votantes de valores” en Estados Unidos

En Aceprensa, sólo para suscriptores.

Cruzando resultados entre votaciones, los datos ofrecen síntomas de que los arquetipos ideológicos tradicionales pueden estar resquebrajándose. En Arizona, mientras se rechazaba la enmienda destinada a proteger el matrimonio, han sido aprobadas tres medidas aparentemente contrarias a los inmigrantes: dos dirigidas a impedir que los ilegales participen de algunos programas educativos estatales y que reciban indemnizaciones por daños en querellas civiles, y otra que declara el inglés como única lengua oficial. (...) En Virginia, se calcula que el 30% de los votantes demócratas apoyaron la enmienda para proteger el matrimonio.

(...) El senador demócrata Bob Casey, vencedor en Pensilvania, es un católico que ha reconocido públicamente su oposición al aborto. (...)

(...) Heath Suler, joven demócrata elegido por Carolina del Norte para la Cámara por primera vez y ex jugador de fútbol americano, se declara devoto cristiano –de religión baptista– y se opone al aborto. Brad Ellsworth, nuevo congresista demócrata de Indiana, es un católico de origen humilde, que se opone al aborto y a los matrimonios homosexuales."

martes, 14 de noviembre de 2006

Con el Nuncio

El pasado sábado tuve la suerte de poder estar, junto a otros treinta jóvenes, con el Nuncio de Su Santidad, Mons.Manuel Monteiro de Castro. Fue una hora en la que nos contó rápidamente su recorrido por el mundo (ha trabajado en los cinco continentes), desgranó algunas anécdotas, habló brevemente de algunas de las cuestiones candentes en España. Lo cierto es que transmitía bastante paz. De hecho, insistió en la necesidad de la paz interior, y habló de la paz como una prioridad para el mundo.

Contó, por ejemplo, la anécdota que le sucedió cuando, tras tres años en Vietnam, acude a la Diagnostic Clinic of Houston (creo recordar que se llama así) a pasar un completo reconocimiento médico que dura una semana, y al término, el médico que lo atendió, que era uno de los fundadores de la clínica, le dice que la factura corre de su cuenta. ¿Por qué? "Porque soy judío y ustedes -la Iglesia Católica- salvaron a mis padres". Toma castaña.

Nos habló también del prestigio de la labor de la Iglesia en Vietnam del Sur, donde sólo hay un 10% de católicos, pero la institución está entre las mejor consideradas. Animaba a preguntarse por qué en España está entre las peor consideradas.

Hablando del SIDA, nos dijo que había trabajado en Botswana y Surinam, al parecer los dos países con más SIDA del mundo. Contaba que al llegar, en el aeropuerto, los mostradores estaban plagados de preservativos. Señalaba que ya se ve que esa no es la solución. Demostró estar perfectamente al tanto de la manera de paliar el SIDA, contra lo que pensará cualquier alternativo de salón, de esos que jamás han salido de Malasaña, y menos para arrimarse a zonas empobrecidas como esas. En uno de esos dos países, creo que en Botswana, el único centro que se dedicaba a los enfermos de SIDA era un hospital católico llevado por monjas.

También nos animó a estar orgullosos de la tarea evangelizadora del mundo cristiano a través de las colonias, especialmente España y Portugal, y nos hizo ver que España es el lugar del mundo donde la Iglesia está mejor tratada fiscalmente, etc.

En Vietnam, coincidió y trató con el famoso -y ya difunto- cardenal Van Thuam, y tuvo que luchar para sacarlo de la cárcel.

Nos comentó algunas anécdotas de trato con políticos, con el mismo Zapatero, con la Vice a cuenta de la visita del Papa... Y de cómo ésta ha servido para destensar las relaciones entre Gobierno e Iglesia [por mucho que pese a algunos católicos con miras exclusivamente políticas, me atrevo a añadir].

lunes, 13 de noviembre de 2006

El neoconfesionalismo que viene: morales asimétricas

El pasado viernes, El País reproducía un artículo publicado por Joaquín Navarro-Valls en el diario italiano La Reppublica. Con el título "Un 'ethos' asimétrico", el ex-portavoz de la Santa Sede realiza un agudo análisis, quizá para algunos obvio, pero que se agradece tener en letra impresa y firmado por quien lo firma.

A cuenta de las elecciones norteamericanas y el tema central de campaña, la guerra de Irak, hace una reflexión sobre los valores éticos que tanta importancia van adquiriendo en el país (y que han dado lugar al concepto de value voters -"votantes de valores"-, que ya en 2004 dieron la victoria a Bush). La idea central del texto es que "un ethos es auténticamente tal, con todo, cuando es capaz de conformar una visión completa de la vida, pues en caso contrario pierde toda credibilidad. Un ethos asimétrico, sectario, carece de racionalidad. Una visión ética sectorializada, planteada como a manchas de leopardo, se asemeja a una persona que sólo dice la verdad de vez en cuando y pretende ser creído siempre".

Efectivamente, Navarro-Valls pone el dedo en la llaga de los republicanos, que hasta ahora se han visto beneficiados de este "voto de valores" por dar cabida a las posiciones provida, profamilia o más exigentes con la bioética. La "auténtica cuestión crucial que ha de resolverse" es si "puede justificarse moralmente la guerra y, desde esa misma posición ética, defender un programa de tutela de la vida o sostener la estabilidad de la familia".

En efecto, "no hay más que pensar en el desconcertante hecho de que un republicano tal vez reconozca de buena gana la derrota ética que se deriva de la relativización de la familia o del uso de células estaminales de embriones para la investigación, pero no estará tan fácilmente dispuesto a reconocer los aspectos éticos implícitos en la decisión de iniciar esa guerra y en las desgarradoras consecuencias que ésta sigue provocando. Es más, para algunos 'teocon', apoyar la guerra es en sí mismo una cuestión ética situada en un nivel muy superior respecto a la defensa del ambiente o a la construcción de escuelas en el Tercer Mundo".

Me encanta que llegue este caballero a dinamitar los maniqueísmos tan en boga hoy en día. Os recomiendo el artículo completo.

Me interesa, por otra parte, esa referencia a los teocon. Como titulo esta entrada, se avecina un nuevo confesionalismo. En Estados Unidos, estos value voters, etc., se mueven en un ámbito de faith-based policies. Un concepto que me parece erróneo, hijo del fundamentalismo evangélico. Es un hecho que hoy por hoy determinados valores universales (ni de derechas ni de izquierdas, ni demócratas ni republicanos) están siendo sólo sostenidos por una visión no relativista que en Occidente encuentran su mejor acogida en la antropología cristiana. Sin embargo, pedir políticas "basadas en la fe" o partidos confesionales, o el confesionalismo del Estado, o considerar esencialmente unidos el cristianismo y una manera de entender lo temporal... son regresiones. Son maneras de mostrar que no se ha entendido lo que desde Ratisbona ha señalado Benedicto XVI. Que la razón es "la amplitud" donde establecer el diálogo entre culturas, entre formas de entender la vida. ¿Por qué exigir a la sociedad que se rija legislativamente por un conocimiento fruto de un don como es la fe? Aunque el conocimiento a través de la fe sea superior, ¿por qué rechazar el medio que Dios ha puesto en el hombre para que sin necesidad de esa fe pueda alcanzar el conocimiento de lo universal, de los mínimos morales, y con ese rechazo dejar fuera del diálogo a quienes no tienen fe?

El neoconfesionalismo va calando en Estados Unidos. Ya hay quien, utilizando el mismo torcido sentido de la democracia del relativismo, exige que se respete una postura adoptada "porque lo dice el Deutoronomio", un flaco favor tanto a la religión como a las leyes de su país, y una comprensión paupérrima de lo que significa la libertad religiosa. El neoconfesionalismo se respira también en ciertos sectores del catolicismo español. Un neoconfesionalismo que, a mi juicio, fomenta la mediocridad intelectual y la conversión en dogma de cuestiones legítimamente opinables. Pero de esto ya hablaremos otro día.

viernes, 10 de noviembre de 2006

Sin título (y VIII)

Luego llegó el encuentro con su mujer y lo que sigue. Había transitado con tanta frecuencia por la historia de su triunfo que los recuerdos estaban bien abrillantados y no necesitaba un gran esfuerzo para traerlos al presente. Los ascensos, el aplauso social, la boda, la primacía entre amigos y compañeros, los hijos, la vida hogareña, los dolores y las penas...

Se entretuvo una vez más en ello, recreándose con una ansia inusual, molesto por el poso que le había dejado el ejercicio de la memoria.

Se sacudió el pensamiento y estiró las piernas. Se puso en pie sin mirar el cadáver de su padre y salió fuera. El peso de toda la noche le cayó en el cuerpo, que estaba agarrotado de la tensión. Echó de menos el tabaco.

Quizá nunca más volviera a pensar en su vida como lo había hecho esa noche. El corazón humano, que en caracteres enfermizos puede ser un martillo de dolor, es capaz también de desplegar sus propios mecanismos para evitarnos visiones desagradables, inventándose rodeos, recovecos y meandros a tal fin.

FIN

(Por cierto, el título que he elegido finalmente para presentarlo a concurso es "Caminos de la tarde")

jueves, 9 de noviembre de 2006

Sin título (VII)

Un vértigo se le escurrió hacia la garganta al rozar apenas con la memoria aquellos años de inconsciente alegría y comprender que ya sólo era un espectador de sí mismo. ¿Dónde se había quedado todo aquello? ¿Es que acaso no era feliz? No se trataba de eso. Algo empañaba el cristal de su alma y lo estremecía al observar el pasado bajo esta luz desconocida.

Cuánta satisfacción compartieron. Y curioso. Curioso cómo incluso la mayor felicidad humana se expone a la amenaza de derrumbamiento. Y casi sin percibir cómo.

Llegó un momento en que él dudó de los más profundos motivos del amor que ella le profesaba. ¿Le quería por sí o por sus talentos? Justificar el enfriamiento de su relación en esa duda fue más bien desleal, y lo curioso es que ella no se lo echó en cara.

-Vamos, cariño, ¿es que no sabes la respuesta? ¿Acaso puedes dividirte entre lo que tú eres y tus talentos? Yo te quiero a ti, todo, todito, todo...

Siempre esa agudeza para filosofar que le ponía tan nervioso y le hacía sentirse tan inferior, y siempre compaginada con la picardía, con la sencillez que le desarmaba y le hacía sentirse mal ante su acostumbramiento, ante su tibieza en el amor, ante la desproporción entre la entrega al otro de cada cual.

¿Había sido el miedo? ¿Temor ante una vida de inseguridades junto a aquel ciclón imprevisible? Visto con la perspectiva del tiempo, era fácil vislumbrar algo de eso.

Lo de irse al extranjero a hacer aquel máster tuvo un poco de huida de ella y un poco de huida de la vocación artística, si es que cabía distinción. Recordar la última conversación que mantuvieron, en la mesa de un restaurante japonés, era adentrarse en un territorio inhóspito para él. Duró mucho. ¿Toda una noche? Ella trató de convencerle de que no debía irse, por ella, pero sobre todo por él. Seguramente se dio cuenta de algo de lo que ni él mismo era consciente, porque quizá no se hubiese atrevido a marchar entonces. Lo que él se disponía a hacer era tomar cualquier tren hacia alguna parte, pero siempre en dirección contraria. Cuando llegase a la siguiente estación ya estaría demasiado lejos de todo como para desandar el camino. ¿Qué camino?, le dijo él. La respuesta de Carolina con los ojos al borde del naufragio fue decirle que ella no sabía hacer malabarismos. ¿Para qué?, él no entendía nada, no sabía nada de la vida. Para jugar con los tres sombreros de copa; y luego se echó a llorar ante su absoluta incomprensión. Como contrapunto, le dijo entre el llanto y la risa que se haría monja como su hermana, que como ella decía en el amor a Dios el único que puede fallar es uno mismo. Él le dijo que era una exagerada, que no fuese tan dramática. Incluso le molestó la convicción de que aquel numerito buscaba moverle a compasión para evitar lo que ya había decidido.

Efectivamente, se fue, y efectivamente su relación murió poco tiempo después. Seguramente fue ella quien tomó la iniciativa. No por eso dejó de pintar, e incluso a la vuelta llegó a exponer en una de las salas de la capital, lo cual le animó temporalmente a dedicar más tiempo. Pero la presión de unos amigos que nunca habían entendido su idealismo, el paso de los años y una oferta jugosa en el campo de la empresa, le hicieron desistir momentáneamente de aquella convicción infantil, que no dejó de tener, por supuesto, engañándose con lo coyuntural del abandono durante el tiempo suficiente para que el peso de los hechos ahogase cualquier intento de protesta por parte de su conciencia. Hay que vivir.

(Continúa)

miércoles, 8 de noviembre de 2006

Por resumir

Ayer no fue un día especialmente ajetreado, o al menos no tuve esa sensación, pero no hubo ocasión de asomarse por este rincón. Uno se hace la ilusión de que los transeúntes y/o lectores le echaron de menos.

Pensaba, en un intento de entenderme mejor y entender el mundo, que somos seres humanos y no "haceres" humanos ni, eso parece más obvio, "teneres" humanos. Una reflexión a cuenta de las limitaciones que la vida nos impone y que nuestro comportamiento se encarga de recordar. Cuando uno se empeña en hacer más para demostrarse que es mejor, la vida se convierte en una maldita carrera de obstáculos. Y eso tampoco es. Creo yo.

En nuestro semanal "Perkeo" (ya hablaré de Perkeo con más detenimiento) hablamos, dentro del ciclo de intelectuales cristianos ingleses que Luis nos ha preparado, de Chesterton. (Dirás: ¿es que no habláis de otra cosa o de otro? Prometo que sí.) Y el pedazo de gordazo de él era más feliz que feliz. Para los que tendemos al caos y a hacer que las cuadrículas salten por los aires, su vitalidad es un consuelo. Lo digo porque me vino muy al hilo de la reflexión matinal (porque -no lo he dicho- fue matinal).

Si es que, al final las cosas se suelen resumir en uno o dos principios generales. Me chirría cuando nos metemos a la casuística y a la jerarquización de comportamientos necesarios para ser un ciudadano interiormente maniatado aunque sobradamente inmaculado. Cada día me convenzo más de que la vida plena para un ser humano no está en no caer, sino en levantarse siempre. Que en teoria suena muy bien, pero que -hablando castizamente- es la leche.

Ayer eché también una ojeada a un debate en Telemadrid sobre muchas cosas: 11-M, islam, ETA... Cosas que en realidad no debieran estar en el mismo saco. El debate contaba con una representación de lo más dispar: Nacho Villa, Carmen Posadas, Casimiro García-Abadillo, Juan Manuel de Prada, Rosa Díez... Me quedo con esta última que, incluso en lo que discrepo con ella, la encontré inteligente, aguda, honrada, coherente, sincera.

Y esta mañana me desayuno con que la LOE prevé que entre las posibilidades a la alternativa a la Religión, que llama "adecuada atención educativa", los colegios podrán ofertar que criaturas, nenes y verracos puedan irse a casita. A la keli, vamos. Eso es vida. Antes de la muerte (civil, por inútiles e ignaros).

Di que sí, vosotros quitadnos la competencia a los jóvenes.

lunes, 6 de noviembre de 2006

Mi Prozac

El sábado tuve sesión doble de cine para paliar los destrozos de un fin de semana de bajas presiones.

Vi y rumié con unos amigos Cinema Paradiso, de Giuseppe Tornatore, que tenía pendiente desde tiempo ha. No me decepcionó. Una historia sencilla pero hermosa, entrañable, de recuerdos, con ese tenue aroma agridulce que tienen la mayoría de las películas de nostalgias. Yo, como en la película, me encierro en la cabina de proyección, en la ficción cinematográfica, para escapar de la realidad.

Por la noche vi con mi familia Truman Capote. Interesante. Bien rodada. Retrato de un tipo atormentado, un escritor de los grandes.

Me quedo con el costumbrismo clasicista de Cinema Paradiso.

sábado, 4 de noviembre de 2006

Otoño

Poniendo orden en mis papeles y rebuscando, me encontré el otro día con una poesía que escribí hace dos otoños. Creo que es la última salida de mi mano que merece tal nombre. Mira que me parece mala.

Cae el otoño en mi cuerpo y mi alma
como las gotas de lluvia monótona
llenan las calles de música sorda
y hacen del cielo opresión y amenaza.

Oye su átona voz difumada.
Mórbida, gris, susurrante, inodora.
"Deja tu gozo y olvida la euforia:
yo soy la noche que nunca se acaba".

¡Conozco tus trampas, otoño huraño!
Recuerdo la virulencia con que
dijiste lo mismo el pasado año.

Mil otoños que me sobrevinieran,
mientras el corazón mantenga fiel
no serían sino mil primaveras.

[Por contra, ayer tuve la suerte de estar en una cena-coloquio con Jesús Álvarez y su hermana Bárbara. Jesús, el periodista, el presentador de deportes de toda la vida (ella también es periodista). Fue como si uno de los iconos adolescentes saliese de la pantalla (estilo The Ring), se hiciese carne y pudiéramos estrecharle la mano, sonreírle con mirada cómplice, y también hacerle algunas preguntas para que le diga a uno al término: "has estado incisivo, ¿eh?". Fue una noche grata, con buena comida, buen vino y buena compañía].

viernes, 3 de noviembre de 2006

Adversus relativismo materialista

Nunca he querido ser de esos “cristianos tibios y veleidosos", de los que habla Chesterton en Ortodoxia, que "afirman que no hubo piedad ni compasión hasta el advenimiento del cristianismo" y "alegan ellos que lo admirable del cristianismo está en haber sido el primero en predicar la moderación, la intimidad, la sinceridad"; estoy de acuerdo con él en que "lo más notable del cristianismo está en haber sido la primera predicación del cristianismo”. Sin embargo, lo que me resulta imposible de digerir es la afirmación que he leído en el blog de un ocasional adversario dialéctico: "no tendría sentido reprochar a los cristianos que, traicionando su esencia, se hayan aproximado a nuestra visión racional, especulativa, relativista: bienvenidos sean". La clásica afirmación merengue: burbujeante pero vacía.

No entraré en las falacias que a lo largo del comentario se espolvorean como semillas de ajonjolí sobre un mantecado, tales como decir que "lo que entonces se entendía por recta doctrina" significaba, por ejemplo, aprobar que "tuvieron esclavos, mataron infieles, negaron a las mujeres la condición de personas". Prefiero, en cambio, afrontar la cuestión intelectual que subyace de fondo.

En primer lugar, como ya he propuesto en Rayos y truenos, donde nos hemos conocido, sugiero a Ignacio que lea el discurso de Ratisbona del pasado 12 de septiembre. Y luego respondan.

Ignacio, como la mayor parte de los relativistas que tratan de dar a su pensamiento una consistencia racional, acuden a la supuesta variabilidad de las normas morales a lo largo de la Historia, también entre los cristianos. Qué digo, especialmente entre los cristianos, que es la peor plaga que ha sufrido la faz de la tierra desde el diluvio (ya me perdonará que demuestre mi inferioridad intelectual refiriéndome a 'mitologías'). Esa supuesta variabilidad se basa en hechos reales e inventados también. Pero se fundamenta sobre todo en un error de enfoque.

Cuando Cristo se encarna y sus seguidores extienden su Iglesia, el mensaje cristiano significa una elevación en la consideración de la dignidad de cada ser humano. Donde había esclavos, San Pablo clama que "ya no hay distinción entre esclavos y libres", pidiendo al amo de Onésimo que lo trate como un hermano; donde la mujer es considerada inferior, el Apóstol proclama que los maridos las traten "como Cristo a su Iglesia"; donde se predicaba la venganza, Cristo propone las Bienaventuranzas y el amor a los enemigos; donde el dolor era un castigo, Él lo eleva a la categoría de instrumento redentor; donde la poligamia era habitual, pone la dignidad de la mujer (y del varón) en su lugar al señalar que 'uno con una y para siempre'... El cristianismo se inserta en una civilización que ya venía avanzando, y que seguirá haciéndolo. Y es para reflexionar que precisamente en la cultura en la que echa sus primeras raíces vaya siempre en la vanguardia moral y social de la Humanidad (perdón, hasta que llegó el siglo en el que se trató de erradicar ese legado y las crueles tiranías se dispararon).

Como Joseph Ratzinger defiende, el cristianismo hay que entenderlo a través de la relación entre Revelación e Historia. A saber: denota falta de rigor (y muchas veces demagogia) cargar sobre las espaldas de un mensaje religioso las taras que pertenecen a la propia limitación del progreso humano. Ciertos relativistas dicen: si antes el cristianismo defendía ciertos errores y ahora no, ¿con qué autoridad vienen a proponernos su moral? Y yo les digo: si antes miembros (incluso muy destacados) del cristianismo defendían ciertos errores, busquemos el motivo. Y dilucidemos si es culpa del mensaje o del que trata de llevarlo a la práctica. Porque lanzar acusaciones genéricas al respecto sin entrar en materia, parece falta de rigor intelectual, especialmente cuando no hay por dónde cuestionar el mensaje del amor. Pereza relativista.

Contestar a cada una de las afirmaciones que Ignacio propone como ejemplo de la variabilidad de la moral católica es inútil, puesto que implicaría discutir premisas básicas que él da por supuesto. Sólo el ejemplo de las relaciones Iglesia-Estado refleja que carece de una buena información acerca de la Historia de la Iglesia Antigua y Medieval, ya que si tuviera rudimentos al respecto sabría que la gran mayoría de veces en las que se ha producido la unión entre el Trono y la Mitra ha sido por interés del poder civil.

El desarrollo de la doctrina católica en el tiempo no implica relativismo. Los principios fundamentales están ahí desde el principio, valga la redundancia. El ser humano, limitado, en progreso, es el que tiene que evitar los errores en su desarrollo. Que estemos en continua búsqueda de la verdad (realidad) completa no conlleva que ésta no exista. Si a algunos sorprende la disparidad de criterios para interpretar "el unívoco No matarás", quizá lo que debieran hacer es leerse el Catecismo.

Todo esto venía porque, como ya defendí hace unos días, he dicho que Nietzsche es más coherente que los que tratan, como Ignacio, de sostener su bonhomía ética en una moral materialista que necesariamente debiera llevarles a los más inmorales atropellos, siendo coherentes intelectualmente ya digo. Y que Dostoievski tenía razón cuando decía que "si no hay Dios, todo me está permitido". Lo demás, es Contrato Social o mixturas intelectuales que se apropian de un mensaje trascendente so capa de materialista.

No entraré a responder las continuas referencias de nuestro interlocutor a la, también supuesta, falta de independencia que tiene la razón de un creyente, prolongando el ya rancio tópico del cristiano bobo que hace las cosas porque se las dicen. Especialmente cuando hoy en día el adalid de la razón es precisamente la cabeza de la Iglesia.

Lo que es verdaderamente carente de libertad, por mucho que algunos se autotitulen librepensadores, es renunciar a una parte de la realidad, a la que se accede por la metafísica y la teología y quedarse con un reduccionista cientismo. Es como mandar a los niños a jugar a la buhardilla cuando el sol de la primavera les está esperando en la era.

jueves, 2 de noviembre de 2006

Todos los Santos

Camino de Misa, un sol inesperado en Primero de Noviembre me vino arrullando el ánimo. Mientras rumiaba loas a Dios por ese pequeño regalo de fiesta (¡tanto y tan poco! Un atasco me puede sacar de mis casillas y un rayo de sol resucitarme), me di de bruces con una valla publicitaria, fea, hortera, que me supo a gloria. Se trataba de la cabeza de una imagen de la Virgen, con un fondo marrón y un mensaje en letras nada de diseño: "Si supieras cuanto te amo... llorarías de alegría". No sé qué anuncia -ni si anuncia algo-, quizá la Novena de la Inmaculada. No lo sé. Pero fue un pequeño gozo.

Después estuve en "los ciegos" de Pacífico, dando conversación a una pobre señora que cada rato me rogaba que "por favor, me marchase", la pobre estaba tocada, a un anciano que tenía mirada de inteligencia (o de despiste universal, los extremos se tocan), sonrisa beatífica y recuerdos vagos, y a otra señora apenadísima porque sus hijos la hubiesen mandado allí.

Purificado por esa pequeña dosis de limitación y dolor humanos, me di un baño de vallecanía. Más de media hora -casi una hora, diría hoy- tardó en llegar el 58, tiempo para oler, ver y oír la vida que todavía bulle en las calles que circundan Puente de Vallecas. Resulta delicioso para alguien que siente suya la humanidad de este humilde rincón de Madrid cruzarlo de parte a parte a través de su espina dorsal, la Avenida de la Albufera, aunque sea observándolo del otro lado del cristal del autobús, con el espíritu y la mirada engolosinada del niño que aplasta la nariz en el escaparate de la pastelería. Y más impresionante es acabar el viaje pasando junto al cementerio de Pueblo de Vallecas, adonde peregrinaban, sobre todo mujeres, con sus galas y sus flores, para rendir homenaje a los difuntos y enviarles un poco de cariño a la otra vida. Quién sabe si un clavel, una rosa o una margarita no redimirán minutos, horas o días de pena en el purgatorio.

miércoles, 1 de noviembre de 2006

Plegaria

Sé que soy como un hombre que cierra los ojos y se tapa los oídos para no ser curado. Amigo bien amado, arrancad de mis ojos el velo tan pegado a ellos que se convirtió en mi misma carne y en la misma pupila de mis ojos. No tengo fuerzas para arrancarlo yo mismo. Mi alma y mi cuerpo languidecen por el hambre que tengo de un ser que no puede saciarme; como piedras en lugar de pan y tengo la boca magullada”

(Zoé Oldenburg, La piedra angular)

Pequeños dioses

La religión será siempre vista de modo poco amistoso por quienes quieran olvidar el valor sagrado de la vida para actuar como si nada de este mundo contase al margen de su imaginación y sus deseos, por quienes niegan el poder creador de Dios en la misma medida en que lo reclaman para ejercerlo por sí mismos. El cristianismo introduce una visión profunda de la realidad, una aproximación respetuosa a la obra de la Creación, que nos da una imagen de la vida como algo sagrado que implica una defensa del valor esencial y de la dignidad radical de las personas. El cristianismo ha supuesto una revolución e el orden moral y político pero también en el orden intelectual y estético, en cada una de las manifestaciones del pensamiento occidental desde los primeros siglos de la era cristiana.

(...)

Cuando se discute la presencia de la religión en el ámbito de la educación o se pretende que quede relegada al ámbito de la enseñanza confesional se está intentando apartar de la mente de los jóvenes una parte esencial del legado cultural del pasado y un elemento decisivo en la formación del carácter moral de la persona” (“La educación en un contexto pluralista”, José Luis González Quirós, en Educación y ciudadanía en una sociedad democrática, de Ediciones Encuentro )

O sea, que a los nuevos iluministas les va eso de apagar la luz en las habitaciones de la Historia que menos les gusta. Ahora bien, visto hacia dónde va el mundo -islamización por un lado, neoconfesionalización por el otro-, el que no sepa de religión... pobre. Va a ser el tonto del pueblo.