sábado, 23 de diciembre de 2006

Profetas

Tomando aire saneado en el blog de Pseudópodo, descubro una entrada que refiere al pensamiento de Von Hildebrand. Me vuelve una idea que ronda mi cabeza desde unas semanas antes.

Escribe Newman en su Apologia:

No tengo la menor intención de negar que, por supuesto, la verdad es el objeto de la razón y que si la razón no alcanza la verdad, es por algún defecto en el proceso o en el punto de partida. Pero no estoy refiriéndome aquí a la recta razón en abstracto sino a la razón tal y como se da y actúa en hombres caídos. Bien sé que la razón sola, sin ayuda de la gracia, si se ejercita honradamente, descubre a Dios, descubre la inmortalidad del alma y el premio eterno. Pero ahora estoy contemplando la facultad racional en concreto e históricamente y desde este punto de vista, creo no equivocarme al afirmar que la razón en materia religiosa tiende a la increencia. A la larga no hay verdad, por muy sagrada que sea, que pueda resistirla; así se explica que, cuando vino nuestro Señor, en el mundo pagano estuvieran desapareciendo las últimas huellas del conocimiento religioso de tiempos pasados, justamente en aquellos lugares donde la razón más se había empleado y desarrollado”

Es decir, no niega el acceso de la razón a los valores naturales, a la ley natural, pero dice que la experiencia ha demostrado que la naturaleza herida hace necesaria la Revelación (y la Infalibilidad, que es de lo que habla en este texto). Y, sin embargo, eso hace más grandes a Sócrates, Platón o Aristóteles. Qué rectitud moral no tendrían para elaborar el pensamiento metafísico que elaboraron. Se puede decir que de algún modo son profetas, cumplen una misión de Dios. Misteriosamente cumplen los designios divinos desde su gentilidad. (Ahora me doy cuenta de que, sin saber cómo, siempre he relacionado la imagen de Platón a la de San Pablo).

Efectivamente hay profetas. Profetas de lo intelectual-ético, si se quiere.

Dostoievski sabía lo que decía cuando pone en boca de los Karamazov el famoso "si Dios no existe todo me está permitido" o así. Y uno se sorprende de que lo dijera en esa época (1879-80), que aun no había visto los totalitarismos, el pensamiento débil, la cultura de la muerte, años de guerras ininterrumpidas… Dostoievski era también un profeta. ¿Cómo si no interpretar su Crimen y castigo, la más clásica e inmortal crítica al superhombre nietzscheano?

(Por supuesto, nuestro mismo Newman lo es -y de un modo más nuestro-, profeta del Vaticano II con su manera de entender el laicado y la necesidad de formarlo -que tantas incomprensiones le trajo- y su visionaria -quizá por inglés- comprensión del desarrollo doctrinal de la libertad religiosa; también lo es G.K., y otros... Quizá hoy nos estamos acostumbrando a los profetas con esos gigantes que se sientan en la cátedra de Pedro. En fin... sería difícil hacer esa lista de profetas)

3 comentarios:

Terzio dijo...

Yes.

El Concilio Vaticano I dice, más o menos, lo mismo que Newman (Cfr. Dz. 1781-1820/Dz-Hün 3000-3045). Lo que pasa es que J.H. Newman escribe eso en 1864, y la Constitución Dogmática Dei Filius del Vaticano I es de seis años después...y sin intervención de Newman, que no asistió al Concilio.

Afirmar que se puede llegar desde la razón natural a Dios, no es reconocer que siempre se llegue, aunque se pueda siempre.

Newman "profetiza" desde su clarividencia, que le hace ver más, mejor y más lejos.

+T.

batiscafo dijo...

Fantástica entrada, Agus. Por cierto, no dejéis de leer la columna de Juan Manuel de Prada de hoy: http://www.abc.es/20061223/opinion-firmas/navidad-herodes_200612230249.html

Terzio dijo...

Prada es un "herodiano": Ponerle a una criaturita "Jimena", es casi matar a un inocente.

(Con perdón).

Pobre Chiquilla! Un papá gacetillero y llamarse Jimena, encima.

+T.