domingo, 24 de diciembre de 2006

Mi Navidad, la tuya

Supongo que la encarnación de Dios fue para el cosmos un impacto análogo al que un recién nacido sufre cuando sale de la placentera placenta y entra en el mundo, pero como multiplicado por infinito.

Esta noche nace Dios. Así. Sin más. Y comienza la Buena Nueva. Comienza nuestro tiempo. La plenitud de éste.

Me gustaría tener una felicitación especial para ti. No la encuentro. Prefiero dejarte en silencio, el silencio necesario para que puedas hacer de esta Navidad tu propia Navidad, bulliciosa, familiar, corporativa, cantarina... Pero tuya, personal. Entimísmate con Belén, hasta hacer de tu alma, bellaca como un portal cualquiera, el refugio de la Sagrada Familia. Yo voy a intentarlo. Si me ves en un rincón, callado, con la cara llena de churretes, no me digas nada, let it be. Ya hablaremos cuando todo este terremoto haya pasado.

3 comentarios:

pseudópodo dijo...

Mientras se hace la cena me he asomado un momento:¡Feliz Navidad!

Huegas dijo...

“El nombre delante del título. Autobiografía de Frank Capra”

Estrellas sobre Hollywood

(…)

Empecé buscando héroes para las historias de mis filmes. ¿Qué tipo de héroes? Hombres extraordinarios que conquistan frente a las dificultades, hombres que dejan una estela de progreso humano.

Los sucesos y manifestaciones de esos héroes, los momentos que los sitúan en un lugar aparte –especialmente el “por qué, dónde y cuándo”, con su adrenalina bombeando “furiosa”- siempre cautivará a la mente curiosa y a los espectadores de cine.

El Dr. Carl Anderson, jefe de física de altas energías en el Caltech y ganador del premio Nobel, me dio un fascinante indicio acerca de la mágica era de este heroico “cuándo”.

Anderson dijo que desde su descubrimiento del positrón, docenas de otras partículas atónicas totalmente inesperadas habían surgido a la luz, haciendo pedazos el concepto moderno del átono y sumiendo a los físicos en auténticos ataques de nervios. Le pregunté lo que quería decir.

-No lo sé -dijo Carl-. Precisamente en estos momentos estamos gritando: “¡SOCORRO!” Pero algún estudiante de veintiséis años nos dará pronto la respuesta.
-¿Por qué veintiséis años? ¿Es esa la edad más activa del cerebro?
-No- respondió, pero es la edad en la que la combinación de conocimiento y osadía es más potente. A los veintiséis años un estudiante está lleno de conocimientos recién aprendidos, pero es todavía lo bastante rebelde, y lo bastante lleno de entusiasmo, como para desafiar el conservador Establishment científico y salir con algunas alocadas “suposiciones”. Después de los veintiséis años adquiere mucho más conocimiento… pero también se vuelve más conservador. Ve más árboles, pero menos bosques.

Bueno, pensé que aquella era una buena declaración de principios. Corrí a una biblioteca de investigación para comprobarla. Me quedé sorprendido. He aquí algunos pocos datos que iluminan la altamente calórica edad de veintiséis años:

Einstein anunció su Teoría de la Relatividad… a la edad de veintiséis años.

Alejandro Magno inició su conquista del mundo entonces conocido… a los veintiséis años.

Napoleón tomó el mando de las multitudes revolucionarias francesas… a los veintiséis años.

Yukawa, el premio Nobel japonés, predijo brillantemente la existencia del mesón antes de que fuera hallado… a los veintiséis años.

Marie Curie empezó a investigar el uranio radioactivo… a los veinticinco años. (Pero las mujeres maduran antes… y de una forma más hermosa).

Lincoln cambió de vagabundear a la política y a la inmortalidad (fue elegido para la Legislatura del Estado)… a los veintiséis años.

Shakespeare escribió su primera obra importante, Enrique VI… a los veintiséis años.

San Francisco cambió las galas y una vida alegre y despreocupada por haramos y una vida santificada… a los veinticinco años.

Marco Polo cruzó Asia, desde el desierto del Gobi, y llegó a Pekín… a los veintiséis años.

Leonardo da Vinci se proclamó “maestro pintor”… a los veintiséis años.

Miguel Ángel fue llamado a Roma y ejecutó su famosa obra “Pietà”… a los veintiséis años.

Magallanes inició su primer viaje alrededor del mundo… a los veintiocho años.

Dante escribió “La vita nova”, su primer poema en prosa, acerca de su amor por Beatrice… a los veintisiete años.

Churchill, el “Hombre de muestro siglo”, fue elegido por primera vez para la Cámara de los Comunes y la historia… a los veintiséis años.

D.W.Griffith, el “Leonardo de la Pantalla”, dio su primer paso hacia la inmortalidad cinematográfica dirigiendo The Adventures of Dollie… a la edad de veintisiete años.

Y hay muchos, muchos ejemplos más: Chaplin se convirtió en una estrella mundial a los 26, Orson Welles hizo Ciudadano Kane a punto de cumplir los 26, Einsenstein hizo El acorazado Potemkin a los 27, y el pirómano Nerón tenía unos 26 años cuando tocó la lira mientras Roma ardía.

(…)

FIN

Chin-chin para el 28...

Agus dijo...

Feliz Navidad.

Gracias, huegas. Dentro de dos días, pues, empiezan mis trescientossesentaicinco días para hacer algo importante. ¡Muchas gracias por el texto!