domingo, 17 de diciembre de 2006

La sorpresa del bien

Hay veces que siento un asombro inaudito, al comprobar que, entre mi propia mezquindad, surgen brillos de verdadera bondad, en forma de buenos deseos o de agradecimiento. Porque hoy en día todo el mundo dice que se considera bueno, y se burla del sentido cristiano de la humildad, y sin embargo, da la sensación de que es difícil encontrar otra época tan llena de cínicos y desesperados como esta que trata de manejarse como si Dios no existiese. Quiero decir, que no es que yo sea un diablo. Pero cuando percibo el bien del que soy capaz entonces me hago cargo de la cantidad de fraudes que llenan mi comportamiento. Y no sólo el mío, claro, pero se trata de mí, y no de otros.

3 comentarios:

batiscafo dijo...

Añado lo que decía la Santa de Ávila, que no por ser frase conocida, es más aplicada:

"Humildad es andar en verdad".

La falsa humildad esconde ingratitud, pereza, pusilanimidad y soberbia de la peor.

CGC dijo...

Qué bien visto. Hay una cosa que me contó una vez D. Lucas Mateo Seco, un cura sabio y sugerente que sabe mucho de cristología: un actor de esos míticos (no sé si era éste de Brubaker, no recuerdo cómo se llama) se había convertido al catolicismo, y en una entrevista le preguntaron por qué, a lo que contestó: "Es que era tan feliz".
Es acojonante: efectivamente, para querer ser mejores hay que sentir que somos buenos. De la mierda sólo sale mierda, de la miseria no salen buenos propósitos. Bueno, salen, pero nacen ya muertos.
De todos modos, yo que te conozco no sé a qué te refieres con eso de "brillos de bondad" y tal, ¿cuándo dices que los has visto? ;-)

Terzio dijo...

A mí,mi paisano F.L Mateo Seco, me escribió en un folio con letras tamaño pancarta:

Mía klésis en Xristós (mi dispiace, pero no me salen aquí los caracteres griegos). Una cita de su archi-estudiado Gregorio de Nisa. Tommma ya!

Quiere decir...Bueno Uds. sabrán que son universitarios de matrícula de honor, ¿no?

Y lo de los brillos, no me extraña: S.Pablo dice que llevamos tesoros en vasijas de barro (IIª Cor 4,7) y, claro, de vez en cuando asoma un diamante por la boca del cantarillo. Y, la verdad, es que da alegría ser cacharro de barro...pero con brillantes.

¿Quién será el Buen Señor que pone brillantes en lebrillos de barro?

+T.