viernes, 10 de noviembre de 2006

Sin título (y VIII)

Luego llegó el encuentro con su mujer y lo que sigue. Había transitado con tanta frecuencia por la historia de su triunfo que los recuerdos estaban bien abrillantados y no necesitaba un gran esfuerzo para traerlos al presente. Los ascensos, el aplauso social, la boda, la primacía entre amigos y compañeros, los hijos, la vida hogareña, los dolores y las penas...

Se entretuvo una vez más en ello, recreándose con una ansia inusual, molesto por el poso que le había dejado el ejercicio de la memoria.

Se sacudió el pensamiento y estiró las piernas. Se puso en pie sin mirar el cadáver de su padre y salió fuera. El peso de toda la noche le cayó en el cuerpo, que estaba agarrotado de la tensión. Echó de menos el tabaco.

Quizá nunca más volviera a pensar en su vida como lo había hecho esa noche. El corazón humano, que en caracteres enfermizos puede ser un martillo de dolor, es capaz también de desplegar sus propios mecanismos para evitarnos visiones desagradables, inventándose rodeos, recovecos y meandros a tal fin.

FIN

(Por cierto, el título que he elegido finalmente para presentarlo a concurso es "Caminos de la tarde")

1 comentario:

Terzio dijo...

Vaya!

Había olvidado que tenía al padre (su padre) de cuerpo presente.

Mi más sentido pésame.

R.I.P.A.


+T.