miércoles, 1 de noviembre de 2006

Pequeños dioses

La religión será siempre vista de modo poco amistoso por quienes quieran olvidar el valor sagrado de la vida para actuar como si nada de este mundo contase al margen de su imaginación y sus deseos, por quienes niegan el poder creador de Dios en la misma medida en que lo reclaman para ejercerlo por sí mismos. El cristianismo introduce una visión profunda de la realidad, una aproximación respetuosa a la obra de la Creación, que nos da una imagen de la vida como algo sagrado que implica una defensa del valor esencial y de la dignidad radical de las personas. El cristianismo ha supuesto una revolución e el orden moral y político pero también en el orden intelectual y estético, en cada una de las manifestaciones del pensamiento occidental desde los primeros siglos de la era cristiana.

(...)

Cuando se discute la presencia de la religión en el ámbito de la educación o se pretende que quede relegada al ámbito de la enseñanza confesional se está intentando apartar de la mente de los jóvenes una parte esencial del legado cultural del pasado y un elemento decisivo en la formación del carácter moral de la persona” (“La educación en un contexto pluralista”, José Luis González Quirós, en Educación y ciudadanía en una sociedad democrática, de Ediciones Encuentro )

O sea, que a los nuevos iluministas les va eso de apagar la luz en las habitaciones de la Historia que menos les gusta. Ahora bien, visto hacia dónde va el mundo -islamización por un lado, neoconfesionalización por el otro-, el que no sepa de religión... pobre. Va a ser el tonto del pueblo.

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