viernes, 3 de noviembre de 2006

Adversus relativismo materialista

Nunca he querido ser de esos “cristianos tibios y veleidosos", de los que habla Chesterton en Ortodoxia, que "afirman que no hubo piedad ni compasión hasta el advenimiento del cristianismo" y "alegan ellos que lo admirable del cristianismo está en haber sido el primero en predicar la moderación, la intimidad, la sinceridad"; estoy de acuerdo con él en que "lo más notable del cristianismo está en haber sido la primera predicación del cristianismo”. Sin embargo, lo que me resulta imposible de digerir es la afirmación que he leído en el blog de un ocasional adversario dialéctico: "no tendría sentido reprochar a los cristianos que, traicionando su esencia, se hayan aproximado a nuestra visión racional, especulativa, relativista: bienvenidos sean". La clásica afirmación merengue: burbujeante pero vacía.

No entraré en las falacias que a lo largo del comentario se espolvorean como semillas de ajonjolí sobre un mantecado, tales como decir que "lo que entonces se entendía por recta doctrina" significaba, por ejemplo, aprobar que "tuvieron esclavos, mataron infieles, negaron a las mujeres la condición de personas". Prefiero, en cambio, afrontar la cuestión intelectual que subyace de fondo.

En primer lugar, como ya he propuesto en Rayos y truenos, donde nos hemos conocido, sugiero a Ignacio que lea el discurso de Ratisbona del pasado 12 de septiembre. Y luego respondan.

Ignacio, como la mayor parte de los relativistas que tratan de dar a su pensamiento una consistencia racional, acuden a la supuesta variabilidad de las normas morales a lo largo de la Historia, también entre los cristianos. Qué digo, especialmente entre los cristianos, que es la peor plaga que ha sufrido la faz de la tierra desde el diluvio (ya me perdonará que demuestre mi inferioridad intelectual refiriéndome a 'mitologías'). Esa supuesta variabilidad se basa en hechos reales e inventados también. Pero se fundamenta sobre todo en un error de enfoque.

Cuando Cristo se encarna y sus seguidores extienden su Iglesia, el mensaje cristiano significa una elevación en la consideración de la dignidad de cada ser humano. Donde había esclavos, San Pablo clama que "ya no hay distinción entre esclavos y libres", pidiendo al amo de Onésimo que lo trate como un hermano; donde la mujer es considerada inferior, el Apóstol proclama que los maridos las traten "como Cristo a su Iglesia"; donde se predicaba la venganza, Cristo propone las Bienaventuranzas y el amor a los enemigos; donde el dolor era un castigo, Él lo eleva a la categoría de instrumento redentor; donde la poligamia era habitual, pone la dignidad de la mujer (y del varón) en su lugar al señalar que 'uno con una y para siempre'... El cristianismo se inserta en una civilización que ya venía avanzando, y que seguirá haciéndolo. Y es para reflexionar que precisamente en la cultura en la que echa sus primeras raíces vaya siempre en la vanguardia moral y social de la Humanidad (perdón, hasta que llegó el siglo en el que se trató de erradicar ese legado y las crueles tiranías se dispararon).

Como Joseph Ratzinger defiende, el cristianismo hay que entenderlo a través de la relación entre Revelación e Historia. A saber: denota falta de rigor (y muchas veces demagogia) cargar sobre las espaldas de un mensaje religioso las taras que pertenecen a la propia limitación del progreso humano. Ciertos relativistas dicen: si antes el cristianismo defendía ciertos errores y ahora no, ¿con qué autoridad vienen a proponernos su moral? Y yo les digo: si antes miembros (incluso muy destacados) del cristianismo defendían ciertos errores, busquemos el motivo. Y dilucidemos si es culpa del mensaje o del que trata de llevarlo a la práctica. Porque lanzar acusaciones genéricas al respecto sin entrar en materia, parece falta de rigor intelectual, especialmente cuando no hay por dónde cuestionar el mensaje del amor. Pereza relativista.

Contestar a cada una de las afirmaciones que Ignacio propone como ejemplo de la variabilidad de la moral católica es inútil, puesto que implicaría discutir premisas básicas que él da por supuesto. Sólo el ejemplo de las relaciones Iglesia-Estado refleja que carece de una buena información acerca de la Historia de la Iglesia Antigua y Medieval, ya que si tuviera rudimentos al respecto sabría que la gran mayoría de veces en las que se ha producido la unión entre el Trono y la Mitra ha sido por interés del poder civil.

El desarrollo de la doctrina católica en el tiempo no implica relativismo. Los principios fundamentales están ahí desde el principio, valga la redundancia. El ser humano, limitado, en progreso, es el que tiene que evitar los errores en su desarrollo. Que estemos en continua búsqueda de la verdad (realidad) completa no conlleva que ésta no exista. Si a algunos sorprende la disparidad de criterios para interpretar "el unívoco No matarás", quizá lo que debieran hacer es leerse el Catecismo.

Todo esto venía porque, como ya defendí hace unos días, he dicho que Nietzsche es más coherente que los que tratan, como Ignacio, de sostener su bonhomía ética en una moral materialista que necesariamente debiera llevarles a los más inmorales atropellos, siendo coherentes intelectualmente ya digo. Y que Dostoievski tenía razón cuando decía que "si no hay Dios, todo me está permitido". Lo demás, es Contrato Social o mixturas intelectuales que se apropian de un mensaje trascendente so capa de materialista.

No entraré a responder las continuas referencias de nuestro interlocutor a la, también supuesta, falta de independencia que tiene la razón de un creyente, prolongando el ya rancio tópico del cristiano bobo que hace las cosas porque se las dicen. Especialmente cuando hoy en día el adalid de la razón es precisamente la cabeza de la Iglesia.

Lo que es verdaderamente carente de libertad, por mucho que algunos se autotitulen librepensadores, es renunciar a una parte de la realidad, a la que se accede por la metafísica y la teología y quedarse con un reduccionista cientismo. Es como mandar a los niños a jugar a la buhardilla cuando el sol de la primavera les está esperando en la era.

18 comentarios:

E. G-Máiquez dijo...

Estupendo ensayo. Me lo imprimo para leerlo con lápiz y en un sillón de orejas...

Agus dijo...

Gracias, aunque me temo que tiene la (in)coherencia propia de una respuesta racio-visceral. Pero es un punto de partida.

Terzio dijo...

En Estepa, donde se inventaron y se fabrícan, a los mantecados se les echa ajolí; el "ajonjolí" es nombre de ingrediente de recetario, tan dificil de decir bien, como poco bien dicho; el apócope estepeño y andalúz es mejor.

Aparte, caríssime, pian piano con San Pablo y sus citas. La mujer "paolina" es - debe ser - sumisa, recogida y pudorosa, sin perifollos ni afeites, sujeta al varón y con velo, callada en la Iglesia etc. etc. etc.

Me gusta, ya te imaginas, el perfil femenino que postula el Apóstol. Además, velis nolis, es texto sagrado y revelado. Amén.

Y respecto a las moralidades y los tiempos, me permitirás el "...O témpora, o mores..." de Cicerón. Que no es que yo diga que la verdad moral mude, pero sí que los tiempos "reordenan", y mandan al desván aquello de allá mientras ponen de moda esto de aquí.

Y nosotros, los cristianos, como vivimos, nos movemos y existimos por aquí, pués aquí nos pillan y aquí nos matan como a todos y con lo de todos.

Sed contra, dice el Apóstol y reza el prefacio que "...en Ti vivimos nos movemos y existimos, y, todavía peregrinos en este mundo..."

Difícil lo de estar en el mundo sin ser del mundo...Pero es eso, aunque no lo entendamos perfectamente o lo vivamos con toda consciencia.

Sufrir sí que lo sufrimos...también con diferentes grados de consciencia.

Salutem plúrimam!

+T.

Ignacio dijo...

Muchas gracias, don agus, por haberme dedicado tanto tiempo, aunque la verdad es que su esfuerzo se me antoja un tanto baldío.

Todos los razonamientos más o menos complejos que trae usted parten de una premisa indiscutida, o mejor de dos encadenadas: que existe dios y que es exactamente como le han dicho a usted que es (porque, insisto, descartamos de momento la revelación directa). Eso no es necesariamente llamar bobos a los creyentes, pero sí constatar un hecho: tienen ustedes por cierto e indiscutible algo que otros les han dicho sin aportar pruebas. Pero habrá de entender que para los que no compartimos tal crreencia todo lo que viene después tenga poca validez.

Una vez sentada esa verdad inicial autodemostrada hace usted (o recuerda que otros han hecho) grandes esfuerzos por conciliarla con la experiencia común de todos los hombres, que es la que dice terzio: vivimos en el tiempo y la historia y hacemos lo que podemos por vivir conforme a unas normas dignas. Todos, los que creen en fábulas y los que no creemos.

Lo esencial para mí es que las armas de la indagación moral son exactamente las mismas en todos los casos. La única diferencia es formal: los que creen en mitos los colocan al final de esa indagación, haciendo como que los han puesto al principio. Yo, como en el chiste, digo que si a ustedes les vale, muy bien.

Con lo fácil que sería separar moral y metafísica...

Terzio dijo...

Eso lo hizo Kant (metódico, tímido, escrupuloso,ordenado, nórdico, germano, dieciochesco, ilustrado...Kant).

Le salió lo que le salió. Hoy es sólo pesada lección de manual de Hª de la Filosofía, con batiburrillo de fenómenos, númenos,categorías espacio-temporales, y ética de la época. No hay más.

No sé, por otra parte, si Terzio dijo "...".

Lo que digo ahora es que mucha letra, mucha palabra, mucho discurso y mucha minúscula al escribir Dios...para reafirmar? que ignora, prescinde, desconoce, niega, passssa de Dios.

Servidor de Uds, de lo que passsa, ni lo piensa, ni lo discute, ni se entretiene en escribirlo desafiante? en minúsculas/mayúsculas.

¿Algúna tráuma, resentimiento, mal recuerdo, mal ejemplo, resquemor?...

De todas formas, citarle, escribirlo, nombrarle...aunque sea en minúsculas, es proclamarle.

Yo te diría, Ignacio ignoto, que no estás muy lejos de Ese que escribes con minúsculas. Por lo menos, Él no esta lejos de ti...ni tiene nada contra ti. Seguro.


P.s. Yo, tampoco, of course.

+T.

Ignacio dijo...

Antes que nada, disculpas a terzio si no he interpretado bien el espíritu de sus palabras:

"Y nosotros, los cristianos, como vivimos, nos movemos y existimos por aquí, pués aquí nos pillan y aquí nos matan como a todos y con lo de todos."

Y respondiendo a su amable mensaje:

Prima: puede extrañar que, no creyente, me ponga a discutir estas cosas. Bien, de un lado me gusta hacerlo, me interesa (además, se me ha roto el foro donde escribo y tengo una rutina discutidora difícil de eludir). Y de otro, el intercambio trae causa de ciertos comentarios ante los que me cuesta no reaccionar, según los cuales si uno no cree en algún dios no tiene sentido que entierre a sus muertos (o por extensión, que tenga ningún movimiento del ánimo más allá de comer y beber). Es decir, que esta polémica empieza por alusiones.

Secunda: voy a intentar resumir mi postura en el punto concreto de que se hablaba. La doctrina moral cristiana ha sufrido cambios, cambios muy sustanciales. Lo que ayer era no sólo aceptado sino encomiado, hoy es pecado mortal. (Si no se acepta este hecho, para el que basta mirar el No Matarás, más vale no seguir).

La moral humana, laica, racional (llámela hache: la moral que profesamos mal que bien en occidente, la que se basa en no hacer daño a otros y buscar la felicidad) también ha experimentado cambios, no menos sustanciales. No podía ser de otra manera, como hecho social e histórico, como construcción humana.

Lo que vengo sosteniendo es que si ambas morales coinciden mucho será porque son prácticamente la misma cosa, el fruto de la indagación sincera de seres humanos preocupados por la pregunta de qué se debe hacer y qué no. Que están fabricadas con los únicos medios que tenemos los hombres a nuestro alcance: observación, experiencia, razonamiento, sensibilidad, empatía, sentido común...

Y que ustedes le ponen al final una metáfora, ese dios inventado a medida, que convenientemente no puede querer el mal (magnífica idea, muy práctica) depositario de una verdad última, ella sí inmutable de la que van ustedes alcanzando vislumbres.

Y que (termino) esa diferencia entre no reconocer ningún fundamento absoluto o tenerlo por inalcanzable es, desde el punto de vista externo, prácticamente irrelevante: un sumando nulo, un adorno, una hipótesis innecesaria que no dificulta el entendimiento siempre y cuando no se retroceda al dogmatismo y se le niegue a uno, por el hecho de no creer en fábulas, capacidad de distinguir entre el bien y el mal.

Y tertia para terzio, que esto se alarga en exceso: no vea en unas minúsculas significados ocultos, hombre de dios; le aseguro que no hay tanta premeditación en esa elección ortográfica, en la que apenas había reparado (aunque gracias a usted a partir de ahora lo haré inevitablemente).

Saludos

Ignacio dijo...

Me dejaba esto:

"¿Algúna tráuma, resentimiento, mal recuerdo, mal ejemplo, resquemor?..."

Traumas y resentimientos no, ni resquemores que yo recuerde: me eduqué en los jesuitas y no guardo mal recuerdo. A partir de cierta edad me habitué a pensar a la contra, a poner en cuestión lo que me decían, lo cual no es mala disciplina (aunque mejor sería, imagino, no tener que perder tanto tiempo de formación en contrastar y desmentir lo recibido).

Malos ejemplos... buf, los habría, aunque no más que en otras tribus, si yo los hubiera tomado de ejemplo. Para desilusionarse hay que estar previamente ilusionado, y no fue mi caso.

Pero es evidente que cualquier español que hoy se acerque a los cuarenta años se ha criado inmerso en la religión católica, y su discurso no puede ignorarla en la misma medida que ignora el budismo zen. Uno toma posiciones respecto a lo que recibe, y eso es parte de la formación: yo me he formado, me he hecho adulto contra el cristianismo porque esa era la mentira concreta que me rodeaba. Si hubiera nacido en Cuba no sería, creo, más anticomunista de lo que soy (porque más no cabe), pero lo sería con más pasión y trabajo, habría tenido que desmontar los mecanismos mentales del materialismo histórico y me los encontraría de vez en cuando, camuflados.

Y esto otro:

"De todas formas, citarle, escribirlo, nombrarle...aunque sea en minúsculas, es proclamarle."

Tremenda falacia voluntarista. He estado escribiendo hace poco de Shiva y Visnu, y de las vías descritas por el Buda, y de la línea de profetas de los jain cuyos nombres copié y no recuerdo: ¿los estaba proclamando sin saberlo?

¿Proclama uno a Hitler cuando escribe su nombre? ¿el juez que ha mandado a la horca a Saddam lo estaba proclamando?

Saludos,
Ignacio

Terzio dijo...

Sí: Nombrar al que sea, es hacerle propaganda y divulgar su conocimiento. Para algunos, mejor el silencio y/o el olvido.

Terzio-hombre-de-Dios (me gusta el mote) sigue pensando que algún traumazo se esconde profundo por ahí, enmascarando una atracción/fascinación que asoma y rebrota passim.

Por ejemplo ese "...me he hecho adulto contra el cristianismo..." suena de los más desafiante a la vez que pseudo-autoafirmante, casi una fórmula de confianza...si me explico (hasta me atrevería a decir que ya la habrá dicho o escrito más de una vez).

Aclarar o explicar que las coincidencias morales entre los sistemas éticos derívan de lo racional común que es impronta/imagen del Creador de todos y de todo, supongo que resbalará al afectado por el síndrome increyente. Meterse en diatriba sobre ley natural etc. agravaría la cosa.


Además extrapolar polémicas tales a blogs de terceros, me parece abusar un pelín de los espacios virtuales de cada quisque, ¿no?

Diré, de todas formas, que con cuarenta y pico añadas que tengo encima, entiendo y me pongo en el lugar de mis coetáneos perfectamente...mutatis mutandis.

Son otras las dudas que me inquietan, las venturas que temo, lo pasado que me pesa; pero comprendo, mucho y largo, lo mio y lo ajeno.

Y deseo aquí paz y después Gloria, para mí y para el resto.

Y espero "...luz, más luz...", y sé que vendrá, y la tendré y la tendremos. Todos.

Así que prefiero esperar sin sofocones, y soportar con paciencia lo que venga y a quién venga...si se puede.

Si no, una elegante media verónica, un mutis por el foro o un "¡Vaya por Dios!", que es muy, muy socorrido.

Ea!

Saluti per tutti (e non per tutte) Arrivederci!


+T.

Ignacio dijo...

Ja, ja, jaaaaaaa....

Los que me conocen saben que soy perro de presa, pero está claro que dos no discuten si el que no quiere se escurre con elegancia torera a la que sólo se le puede reprochar el autoproclamarse tal ;-)

Vaya pues con Dios, don T, y déjese de psicoanalizar gratis; del punto de teoría, me vale con lo dicho.

Terzio dijo...

De nada, hombre, de nada...

Pero, ¿a que atino bastante?

P.s. La retirada, la elegancia, el psicoanálisis, la escurrida y lo torero, lo dices tú. Lo de gratis...hmmm. Por lo menos, ya me mandas a Dios, escrito como Dios manda.

:)

+T.

Agus dijo...

Estimado Ignacio: lo que más lástima me da de toda su argumentación es la displicencia con que trata el planteamiento intelectual de los creyentes. Es, además, un serio lastre para su indagación intelectual.

Como dice Terzio, hay ciertas expresiones en su discurso que casi denotan una especie de karma de desprecio intelectual del que no se rebaja a su reduccionista empirismo (la división entre "los que creen en fábulas y los que no creemos", que uno cree en que Dios es como es "porque se lo han dicho", etc.), como el que se repite ciertas coletillas porque lleva toda una media vida convenciéndose de ellas. Me pregunto si se lo cree o tiene que recurrir a ello para descalificar posturas en lugar de rebatirlas. Pero lo entiendo, debe ser realmente duro y violento para con la propia naturaleza negar toa apertura a la trascendencia y a la religiosidad.

Ya en la entrada de su blog que daba pie a ésta se desparramaban las inexactitudes y las piruetas lógicas. Veo que es vicio. Por ejemplo, cuando dice "tienen ustedes por cierto e indiscutible algo que otros les han dicho sin aportar pruebas", asegurando que es un hecho que constata en nuestro debate. Vacuo intento de descalificar mi discurso -y cualquier discurso de la teodicea- y de negar la racionabilidad a la Teología, porque lo que está logrando con ello es limitarse y aplastar un posible diálogo.

Como puede entender, lo aquí hablado pertenece -creo que es patente- a los frutos de mi razón. Podrá ser más o menos correcto -y eso es lo que un diálogo intelectual que pretenda serlo debiera discutir-, pero desde luego no nace de la nada, no es irracional. Si acaso, supera los raquíticos límites del empirismo. Pero es que las cosas que más importan en la vida humana van más allá del reduccionismo empirista.

En cualquier caso, enterrar a los muertos tiene sentido. Lo que no tiene sentido es jugar a vivir como si Dios existiese y empeñarse en negarlo. Con un discurso tan basado en axiomas, además.

(Por cierto, no sé si tendremos la suerte de que nos explique en qué ha cambiado la doctrina cristiana, en lugar de insistir en que lo ha hecho.)

(También espero que me conteste cómo se come el ateísmo con una moral más allá de Hobbes -tan primitiva-.)

Francis dijo...

Como decía aquel Karamazov: "Si Dios no existe, todo vale".

Si Dios no existe... ¿existe la conciencia?

Si es así, ¿podría explicárnoslo? ¿Acaso ha surgido ex nihilo?

Si no es así, ¿por qué es malo mentir, robar, violar, matar? ¿Porque lo dicen unas leyes arbitrarias y fijadas por convención? ¿Es una broma?

Si Dios no existe, ¿todo el Orden del mundo en el que vivimos ha surgido por azar? ¿Por azar?

"Si Dios no existe, todo vale"

Ignacio dijo...

Buenas.

A terzio: no, no creo que atine en su psicoanálisis, sinceramente.

Que diga que el resto lo digo yo... me desconcierta, la verdad. ¿Qué era eso de la media verónica entonces, y el mutis por el foro? Yo entendí que renunciaba usted con gracia a seguir con el tema, pero si era otra cosa, no tiene más que aclarármelo.

A francis: de ahí venimos, de ese falaz todo vale se inició en otro lado la discusión. Mire, yo no soy el que exige una fundamentación absoluta para la moral. A mí me basta con una aproximación razonable, con un puñado de certezas y una zona gris (y si no me bastara me aguantaría,porque más no hay).

Esa falacia de "o dios o el caos" funciona igual (de mal) que los nihilismos epistemológicos y lingüísticos del siglo pasado. Si no puedo saber nada con certeza entonces no existe el conocimiento, no hay nada que pueda declararse verdad. Pues mire, no. Hay aproximaciones suficientes, y con eso vivimos.

¿En qué me baso para estar seguro de que es malo matar? En lo mismo que ustedes: sensibilidad, empatía, experiencia compartida, sabiduría heredada, sentido práctico... ¿es eso un absoluto? No, pero es que no hay absolutos.

Mi afirmación, más modesta y respetuosa de lo que puede parecerles a ustedes, es que desde mi punto de vista, si ustedes buscan con sus capacidades humanas y falibles la verdad moral y yo hago lo propio, si las únicas diferencias son, de un lado, que ustedes creen, como dice Terzio, que lo racional común es impronta/imagen del Creador y yo en cambio no creo tal cosa, y de otro que ustedes creen en una verdad moral absoluta pero la saben inalcanzable y yo en cambio no creo que exista esa verdad, pues puedo decir con toda tranquilidad que las diferencias no importan, que se pueden ignorar y las convicciones morales serán las mismas.

Si de cada una de sus reglas morales me puede dar usted cuenta y razón y yo puedo, por tanto, rebatirlas, ¿qué se me da a mí de dónde las fundamente? Distinto será si no puede razonarlas, pero me han convencido ustedes de que no es así como funciona, que no es el caprichoso dedo del dios interpretado por los sacerdotes el que pone las normas, sino la recta razón (coincidente, claro, con Sus designios). De modo que todos contentos, que es lo que decía yo en mi blog, y ojalá (insh'allah) que los musulmanes pronto sigan el mismo camino

Ignacio dijo...

(Me he dejado la parte del orden del mundo: no se puede abarcar tanto)

A don agus, anfitrión:

Siento que le moleste la manera sumaria con que me desentiendo de siglos de sutil e inteligentísima indagación teológica, pero es que estoy convencido de que no merecen más atención. Será racional en sus métodos, no voy a discutirlo, pero se basa en una premisa falsa: que existe un ser supremo y que es tal y como lo describe el cristianismo, y no de otra manera cualquiera. Es decir, que es eterno, inmutable, todopoderoso y a la vez dotado de sentimientos y capaz de querer unas cosas y no otras. Y que su palabra está expresada en ciertos libros, y no en otros.

Todo esto, se ponga como se ponga quien se ponga, es no sólo indemostrable, sino de un grado de improbabilidad tan alta que tranquilamente lo podemos calificar de falso, y de prescindible el edificio teórico que se construye a partir de ello.

Y lo de que otros se lo han dicho sin pruebas, me parece indiscutible. Siempre me ha llamado la atención que cada creyente hable de su fe como si fuera una relación directa con dios, cuando es claramente mediada por textos y predicadores. ¿Cómo si no ha llegado a ser cristiano cada cristiano? porque se lo han contado; y esto no es un desprecio, es una constatación.

En cuanto a la trascendencia, mi problema (si logro explicarme) es captar el nexo entre la necesidad humana, la que podríamos llamar angustia metafísica o insatisfacción existencial, y las religiones codificadas. La fábula cristiana es una respuesta como otras a esas necesidades, pero ¿por qué insisten ustedes en que es verdad? ¿No es más modesto, menos conflictivo e infinitamente más sabio tomar ese mito y todos los demás como fórmulas, metáforas si se quiere que les valen a unos y a otros no?

Y ya rizando el rizo: ¿cómo sale de ahí una moral, nada más y nada menos que una moral, algo tan mundano y concreto, tan humano, tan contingente y social e histórico? ¿no es mezclar agua y aceite?

Terzio dijo...

Sí. El agua y el aceite andan por ahí. Son los "ingredientes" del Bautismo y la Confirmación que - presumo - no se han explicitado con todas sus virtualidades sacramentales...y por eso se está como se está.

Por ejemplo, llamando "fábula" a lo que tanto mueve, y tanto dura, y tanto expresa, y tanto actúa, y tanto...y tanto interesa hasta el punto en el que estamos los que estamos.

Y los que dicen que no, están escribe que te escribe muy afectados por la "fábula" (Un servidor de Uds, hasta el momento, jamás ha diatribado ni entablado polémica, ni escrito parrafada ni capítulo por ninguna fábula: Ni de Esopo,ni de La Fontaine ni de Samaniego,ni de Yriarte...Me traen al fresco "El parto de los montes"
, "La cigarra y la hormiga", "El burro y la fláuta", "La zorra y las uvas"...tout ça m'est bien egal! que ronroneaba la Piaff).

Así que, con perdón, yo sigo en la suposición de que tanta letra por una fábula y un dios en minúscula...delata tráuma y de los gordos.


...y eso que es fábula !


+T.

Ignacio dijo...

Esta conversación, que comenzó negándome la posibilidad de enterrar a mis muertos o sostener criterios morales, termina adjudicándome traumas inconscientes.

No me es agradable tanto personalizar.

A seguir bien, y hasta otra.
Ignacio

Terzio dijo...

Ah!

Mi dispiace tanto...

Porque yo no niego a nadie el derecho a entierro por pagano y no cristiano.

Digo más: Un funeral pagano me parece tan digno, tan digno, tan digno...Paganamente enterraron a Homero, y a Hesíodo, y a Sócrates, y a Platón, y a Virgilio, y a Horacio, y a los Faraones, y a Alejandro, y a César, y a Buda, y a Confucio...

...y no desmerecen sus funerales por no ser - ni remotamente - cristianos.

Y si espolea lo de los tráumas, servidor de Uds tiene una personal colección de los que se envanece porque le defínen y distinguen del común corriente vulgar...

Y aquí estoy yo, poli-traumatizado, pero yo mismo con todas mis tráumo-circustancias: Yo mismo y no otro...gracias a mis traumatismos y a Dios.

Si serán importantes los tráumas, que Dios se hizo carne/se hizo tráuma (menos en el pecado)...se podría ortodoxamente decir.

Así que no sé por qué ese mutis por el blog, cuando no había más.

Saludo? Pués saludos!

+T.

Agus dijo...

Es una pena que alguien acuda al debate con esquemas mentales tan prefabricados, esquemáticos e inamovibles.

No ha dejado de repetir que parto de una premisa: que existe un Dios. Cuando en ningún momento he hecho de ello mi punto de partida. Pero así es más fácil rehuir el debate, ¿verdad?

Aunque, claro, si tengo que explicarle una vez más que la mediación que me lleva a la moral natural que practico es la razón y no la simple aserción de un cura, un educador o un teólogo, entonces es que no cabe la discusión seria. Usted pretende -como los ateos reclacitrantes- que mis argumentos racionales quedan anulados (o al menos queda anulada su racionalidad) por el hecho de yo ser un creyente. Y así, sinceramente, usted impide el debate.

Le invito a subirse al diálogo en el campo de la "amplitud de la razón", en pie de igualdad. Usted con su ateísmo y yo con mi fe. Pero súbase al carro, dejando de lado la razón castrada del empirismo. Libérese y aproveche todas sus potencialidades racionales haciendo uso de la metafísica, que en algún momento nombra pero por la que -quizá sin saberlo- siente un profundo desprecio. Quizá porque a través de ella llegaría a ese Dios al que vaya usted a saber por qué tanto aborrece.

(Lo de la pregunta acerca de cómo surge una moral de la trascendencia es de catón, así que lo dejamos, con una inclinación de cabeza y un "hasta la vista")