martes, 24 de octubre de 2006

Sin título, aún (VI)

¿Por qué cuando había recordado con viejos compañeros su primer año de carrera, lo había hecho con satisfacción, jactándose de la vitalidad con que había afrontado la entrada en la universidad? Volviendo a ello ahora, le aguijoneaba la vergüenza al intuir que había poco de lo que enorgullecerse en aquella actitud derrochadora. Sentía un reparador consuelo al percibir el cambio experimentado. Es natural encontrar discreto regocijo en comprobar que el tiempo también construye, que las transformaciones personales, acaecidas muchas veces imperceptiblemente, son patentes, que no todo es desgaste y acabamiento. Porque el joven superficial que él era sufrió algunos encontronazos que cambiaron el rumbo de su vida.

Carolina... Qué perfume de violenta añoranza traía consigo. Después del varapalo en los primeros exámenes de junio, y pasado un verano entre la depresión y la búsqueda voraz de afecto agotada en lo efímero, apareció en su vida aquella chica transparente y arrolladora. ¿De dónde procedía aquel torrente de vitalidad que se reflejaba más en las palabras que en los gestos? Lo dice todo que fuese ella, de un modo inconsciente y como de farol, quien se presentase, quien demostrase un mayor interés, quien se postulase a novia, a amiga, a compañera de inquietudes y de pasiones.

En efecto, ella adoraba la pintura. Había hecho lo posible por desarrollar unas cualidades que no tenía. Clases, cursos en el extranjero, viajes... Sus padres no escatimaban recursos para satisfacer lo que consideraban una inútil obsesión de su criatura. Pero tuvo que resignarse a disfrutar con las obras de los demás. Estudiaba tercer curso de Historia del Arte cuando le conoció. Decía que había sido un regalo del cielo a su insistente devoción por el arte. Carolina era muy madura para su edad y fascinó al chico por completo.

Recuperó de nuevo el fuego creativo y se entregó a pintar y pintar, siempre con el efusivo empuje de Carolina aplaudiéndole, animándole, corrigiéndole, empeñándose en que recuperase el tiempo perdido. Volvió a sentir aquella convicción que desde los diez años le había golpeado cíclicamente. Dios mío...

(Continúa)

[Y ya si eso mañana cuento de cómo ayer un homosexual cuarentón intentó ligar conmigo con la excusa de un melodrama a cuestas]

6 comentarios:

Terzio dijo...

+.

"Carolina...Qué perfume...etc."

Con perdón, pero es de lo más cursi que he leído últimamente. Cambia eso, cámbialo.

Y lo de la aventura esa con el galán aquel...Bueno, míralo por el lado positivo: Será que eres un bel uomo irresistíbile !!! Y si lo quieres contar...A lo mejor resulta más literario que la Carolina de marras. (Eso sí: Mira dónde y a quién se lo cuentas).

Saluti, caro!

+T.

Too Picky 4.1 dijo...

Agus, I'm looking forward to your story about the gay guy... Thank God, I don't seem to have that kind of problem.

Sorry for not making more literary comments, chap.

Terzio dijo...

+.

Te lo dije...



+T.

Agus dijo...

Qué panda. Me apunto la acotación literaria, aunque no la tengo clara.

paapa dijo...

vaya vaya

Terzio dijo...

Oye, no me llames "panda" ni me asocies con el curioso ese.


Y la cursilada de "Carolina...Qué perfume...etc." es que me recordó de golpe aquella otra cursilada maestra de "...Margarita está bella la mar y el viento..." de D.Rubén D. (con ese nombre desde chico, las cursiladas son tan fáciles como brillantes e inevitables).

En fin, tú verás...


+T.