jueves, 26 de octubre de 2006

¿Por qué lo llaman libertad cuando quiere decir fracaso?

Continuando con la reflexión acerca de la ataráxica estolidez disfrazada de pensiero devole que nos envuelve (y que, carajo, a uno le influye, claro que sí) cito un texto que ayer leía y que me parece penetrante como espada de dos filos.

Acerca de la última ley de divorcio:

“En su exposición de razones se dice:

La reforma que se acomete pretende que la libertad, como valor superior de nuestro ordenamiento jurídico tenga su más adecuado reflejo en el matrimonio. El reconocimiento por la Constitución de esta institución jurídica posee una innegable trascendencia, en tanto que contribuye al orden político y la paz social, y es cauce a través del cual los ciudadanos pueden desarrollar su personalidad.

En coherencia con esta razón, el artículo 32 de la Constitución configura el derecho a contraer matrimonio según los valores y principios constitucionales. De acuerdo con ellos, esta ley persigue ampliar el ámbito de libertad de los cónyuges en lo relativo al ejercicio de la facultad de solicitar la disolución de la relación matrimonial.

Con este propósito, se estima que el respeto al libre desarrollo de la personalidad, garantizado por el artículo 10.1 de la Constitución, justifica reconocer mayor trascendencia a la voluntad de la persona cuando ya no desea seguir vinculado con su cónyuge. Así, el ejercicio de su derecho a no continuar casado no puede hacerse depender de la demostración de la concurrencia de causa alguna, pues la causa determinante no es más que el fin de esa voluntad expresada en su solicitud, ni, desde luego, de una previa e ineludible situación de separación’

¿Por qué esta ley parece contradecir el espíritu de la educación cívica que tan importante es, aparentemente para el Ministerio de Educación? Esta ley se apoya en la idea de que el sistema jurídico no puede, en ningún caso, impedir las libres decisiones de los ciudadanos que no atenten contra otros . Pero aún más, ni siquiera puede estipular unas causas por muy genéricas que estas sean. No está bien que el Estado intervenga en el amor. Bajo este argumento subyacen algunas consecuencias impresionantes y que muestran hasta qué punto hemos trastocado los valores sobre los que se apoya un sistema cívico medianamente sano. (...) Resulta así que, sorprendentemente, es más fácil disolver un matrimonio que una fábrica de quesos, pues una fábrica tiene compromisos mucho más importantes para el Estado, y parece que también para el bien social, que el matrimonio.

Puede que surja ahora una pregunta: si esto es realmente así ¿bajo qué argumento debemos crear una asignatura que enseñe a los niños a comprometerse en la participación en la vida pública? ¿Exige más educación el compromiso en una ONG que el compromiso en la creación de una familia? ¿No es acaso el compromiso matrimonial, si se acepta, más importante para el mantenimiento de la vida social que el que hacemos a una ONG? Si no se enseña el significado del compromiso personal, si ni siquiera el legislador que quiere impulsar una educación cívica ve en compromisos personales fundamentales atisbos suficientes de responsabilidad social, entonces cualquier participación, por supuesto incluida la que se pueda tener en una ONG, puede legítimamente estar al albur de mis caprichos o mis apetencias momentáneas y, por lo tanto, sobra una asignatura o sobra la referencia a contenidos que no sean puramente cognitivos y negativos (lo que no sepuede hacer), es decir, nada de actitudes, valoraciones, etc., pues sobre eso el Estado no tiene nada que decir" (David Reyero García en "¿Pero todavía alguien cree que es posible la educación cívica?", artículo de Educación y ciudadanía en una sociedad democrática, de Ediciones Encuentro)

Y es dejar en cueros con suma sencillez lógica la incoherencia que rige el pensamiento dominante.

Luego, a cuento de otro planteamiento dice: "No se puede ser buen ciudadano si no se es un buen hijo". Sí, sí, pero había que decirlo...

Y el título del mensaje venía de algo que hace tiempo pienso. ¿Por qué nos venden que el divorcio es una conquista de libertad personal, si no es más que la constatación jurídica de un fracaso afectivo y personal? No juzgo, simplemente describo.

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