miércoles, 18 de octubre de 2006

A pesar de todo

El cristianismo es vital, optimista; mi fe es un cobijo donde la razón encuentra un fuego acogedor y el corazón unas mullidas pantuflas de cuadros escoceses. Pero, gracias a Dios -y a mis educadores-, tengo un sentido de la justicia y de la dignidad humana que me lleva al desasosiego cuando veo cosas como ésta:

Aunque la muerte se vista de seda.

"Mi vida es soledad, vacío y opresión", dice Inmaculada.

La primera reacción de mi alma tiende a la desesperación, como las manzanas a las cabezas de los físicos. No entiendo qué hay detrás de ese empeño: 1) por promover el desprecio a la propia vida, que es un desprecio directo a las vidas de todos los demás enfermos o necesitados 2) por convertir un caso de éstos en portada social, en necesidad legislativa. Hace tiempo que creo que detrás de la cultura de la muerte hay algo más que el sometimiento a los apetitos físicos (el sexo desenfrenado que lleva al aborto, a la perversión de las relaciones humanas) y a la avaricia (el ansia de dinero de el empresario que hace dinero en Bélgica vendiendo el kit de eutanasia o los jugosos beneficios de esa multinacional del aborto y la anticoncepción disfrazada de Hermanas Ursulinas laicas). Algo debe haber de ansia de poder luciferina. Una rebeldía consciente, lúcida, contra Dios y contra su reflejo en el ser humano. Si no, no se entiende. Y, de veras me alegro de seguir escandalizándome de este empeño en destruir vida más que en crearla o recrearla.

En esto de la eutanasia, no sé tú, pero yo me juego mi propia vida. Yo lamento el dolor y la desesperación de Inmaculada, pero con la dignidad de los enfermos y de todos los que sufren (sufrimos) no se juega. Y, seguramente sin saberlo, ella -y la 'caritativa' Liga de la Ley y el Orden Morir Dignamente-, están insultando a muchos seres humanos (claro que quién quiere hoy a los bebés con malformaciones). Desde que me contaron el caso documentado de aquella monja que fue eutanasiada contra su voluntad porque el médico consideró que sus convicciones religiosas le impedían reconocer que quería la eutanasia, decidí dedicar bagajes y esfuerzos contra la eutanasia, de la que pienso defenderme como gato panza arriba.

Me autocito. Lo siento. Pero ya es casualidad que justo esta semana. "Tolerancia cero" con la eutanasia.

Y a pesar de todo, el mundo ya está dando la vuelta. Sonrían a la cámara, por favor.

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