miércoles, 27 de septiembre de 2006

Síndrome de la hoja en blanco

Así lo llaman. Cuando el escritor se dispone a escribir y... y... y... unas palabras, se tachan; un breve esquema de la historia, pero la cosa no marcha. Debe ser realmente angustioso. E intuyo que va asociado a que la escritura sea un deber, un medio de vida. O quizá es simplemente una forma de depresión.

Desde hace unos días, he comenzado una nueva vida laboral, que incluye dedicar tres horas a la escritura. Mi objetivo es elaborar una novela que lleva tiempo rondando mis pensamientos. El primer día lo dediqué a conocer mejor al protagonista de la novela. Hace tiempo que trabé relación con él. Apareció mientras pergeñaba la trama para otra novela, que seguramente se pierda en mi memoria. Desde hace meses, nos hemos encontrado, he pensado bastante sobre él, tratando de saber un poco más -necesito todo- su pasado. Infancia, juventud, padres, hermanos, traumas, creencias, sucesos vitales... Para entender por qué me lo encuentro, a las puertas de la historia que narraré, destrozado, de vuelta, lleno de cinismo, el corazón baqueteado. Es una experiencia embriagadora, la de dar vida a un personaje experimentando aquella respuesta de manual de entrevista para autores: que los personajes cobran vida propia y demás, o, subiendo unas décimas el tono, aquella idea de Miguel Ángel Buonarroti según la cual, la escultura estaba "ahí", dentro del bloque de mármol, y él sólo tenía que desbastarlo. Pues así me ando, desbastando a mi personaje, del que apenas me falta el nombre.

Pero vuelvo a lo del síndrome, que es lo que nos ha traído a este rincón. El caso es que, al día siguiente me encontré un poco maniatado por la inutilidad. Bien es verdad que no fue tanto por impotencia creativa como por falta de datos y de documentación para ir hilando el argumento principal de la historia. Ya estoy poniendo los medios para solventar mi incuria (que diría Prada). Aunque otro poco de desgana sí que hubo. De hecho, para superarla, ya que mi sensibilidad no estaba para alimentarse con un churrasco elaborado, tuve que darle píldoras nutritivas en forma de proyecto de relato. A contrapelo, dediqué el tiempo a tratar de escribir algo para un concurso del que me han pasado las bases. Pensé que era misión imposible hacer algo que mereciera la pena. Me cuesta mucho encontrar mi voz en un relato. O lo que es lo mismo: soy un negado. Lo mismo con la poesía. No sabía que también las musas tuvieran horario.

Tres días después tengo el placer de anunciar que he dado a luz un relato del que no me avergüenzo, de diez folios a doble espacio y trabajado con esfuerzo. Mañana, o pasado, y así no me llevará mucho tiempo, colgaré las primeras líneas aquí.

5 comentarios:

Francis dijo...

Ya sabes, de vez en cuando viene bien revisar el catón. Jeje.

Too Picky 4.1 dijo...

Vila-Matas escribio 'Bartleby y compannia', donde desarrolla mil y una historias de escritores en blanco y de los escritores del NO, aquellos que decidieron renunciar a seguir escribiendo. Pues eso.

Arnaldo dijo...

Dale caña Agus, parir un buen relato cuesta... Si no que se lo digan a Poe, le costó el hígado!!

Esperando ansioso a que cuelgues los primeros folios...

Terzio dijo...

"...Si llevas un mónstruo dentro, redáctalo..."

Esto lo dijo Goethe, ¿no?

Pués eso: A buscar el mónstruo interior y traducirlo en letras.

P.s. Siempre hay alguno...aunque se esconda.

+T.

Anónimo dijo...

Lo que existe ha de manifestarse... El modo, la manera, el tiempo son factores que confuyen, a veces a pesar tuyo, pero la creatividad acaba fluyendo del espíritu ...
¡valor y al toro!