sábado, 23 de septiembre de 2006

Acordaos de Mengele

Los simios son animales inteligentes y sensibles y merecen más derechos que un embrión humano"

Uno lo lee, así, en gran tipografía, y se queda al borde de la apoplejía. ¿Quién será el demente disfrazado de científico que dice semejante machada? Se llama Peter Singer y es el promotor del famoso Proyecto Gran Simio. Sí, el mismo que lucha por la liberación animal (así se titulaba su obra de 1975) , y que El Mundo, donde se publica la entrevista (firmada por Carlos Fresneda, corresponsal en los EEUU) llama "pionero en el campo de la bioética".

Si no fuera por la machada y porque uno no quiere ser periodista al uso, no indagaría en las respuestas de semejante mequetrefe moral.

El titular procede de la siguiente secuencia de afirmaciones:

P.- Cuando usted publicó Liberación Animal, en 1975, vaticinó el día en que la ONU tomaría cartas en el sunto y aprobaría una declaración de derechos de los animales ¿No estamos aún muy lejos?

R.- Tal vez. El movimiento de la liberación animal no ha avanzado lo rápido que pensábamos entonces, pero se han dado grandes pasos. Y éste que puede dar España, con la adhesión al Proyecto Gran Simio, puede tener un gran alcance simbólico. Estoy siguiendo con muchísimo interés el debate.

P.- Pues habrá oído lo que dijo cierto obispo: «Intentan dar a los animales los derechos que les negamos a los humanos...».

R.- Sí, no se me escapa la polémica, con la cuestión del aborto como telón de fondo. Pero permítame que haga una distinción. Los simios son seres inteligentes y sensibles, que son conscientes de sí mismos y sienten el dolor, que tienen relaciones con otros seres, que pueden afligirse cuando uno muere. Nada de esto se da en un embrión. El embrión no es un ser consciente, no siente el dolor, no sufre ni tiene relaciones. Desde la perspectiva utilitarista, es apropiado conceder derechos en concordancia con la capacidad cognitiva, con las habilidades mentales y emocionales. Y desde este punto de vista, el simio es superior y merece más derechos que un embrión humano"


Así nos luce el pelo. Según eso, habría que cargarse a unos cuantos que podemos considerar inconscientes de sí mismos, que no sienten el dolor... Etc.

Soy reacio a responder con el abrupto y con la descalificación simplona ante los argumentos que no me gustan, por muy salvajes que sean. Pero me acabo de tomar la cervezita del aperitivo y mi capacidad de autodominio está limitada, así que lo diré a mi modo: este valiente hijo de puta (por lo que veremos a continuación, su madre la pobre no tiene la culpa) sigue explayándose en su inhumanitarismo vestido de cientifismo utilitarista:

P.- Hablando de enemigos, usted se ganó unos cuantos con esa polémica frase, extraída de otro de sus libros, Ética Práctica: «Matar a un niño incapacitado mentalmente no es el equivalente a matar a una persona». ¿Hemos leído bien?

R.- Volvamos a lo que decíamos antes, la diferencia entre los grandes simios y los embriones humanos. Yo parto de un planteamiento utilitario: creo que debemos tener derechos en consonancia con nuestras capacidades, con nuestra conciencia del mundo, con cuánto podemos sufrir... Un niño nacido con una enfermedad severa de discapacidad mental no es una persona con conciencia de sí misma. Me parece más grave matar a una persona que tiene plena conciencia de sí mismo, con capacidad para planear y anticipar su futuro.

P.- ¿Y esta visión utilitarista no nos lleva de cabeza a la
eugenesia?

R.- No lo creo. Obviamente, yo rechazo la idea de que unas razas están mejor dotadas que otras o algo parecido. Pero pienso que es razonable tomar decisiones sobre quién debe vivir o morir en situaciones límite, y de hecho ya estamos haciendo eso: cuando se pone la vida de la madre por delante de la del embrión en un diagnóstico prenatal, por ejemplo... En Gran Bretaña, hace unas semanas, se dio un caso de selección de embriones para prevenir la trasmisión genética del cáncer: yo apoyo esa decisión. Si queremos llamarlo eugenesia, me parece una buena forma de eugenesia, aunque todos sabemos que es una palabra maldita, que arrastra la mala fama desde la época de los nazis. Es más políticamente correcto hablar de «características deseables para la selección»"

Bien dicho. En efecto, lo que hicieron en Gran Bretaña, y lo que está haciendo con pasmosa frivolidad este Occidente de rasgos en ocasiones repulsivos no es ni más ni menos que una renovación del pensamiento y la praxis nazis. Efectivamente, matar judíos sigue todavía arrastrando mala fama, gracias a Dios. Buena lógica la del utilitarista de pacotilla

P.- No me negará que es muy difícil trazar la línea y definir esas «características deseables»...

R.- Sí, pero tenemos que abrir el debate. No podemos ponernos una venda en los ojos. Conforme se descubran más y más genes habrá más discusiones sobre qué «selecciones genéticas» son o no deseables, y yo creo que con el tiempo se llegará a un consenso social... Pero no hay por qué temer que de ahí pasemos automáticamente al extremo de esterilizar a una parte de la población o que a una raza se la considere superior a otra.

Qué va, qué va, no hay por qué temerlo. Mientras no sea "automáticamente"...

P.- Hablemos de otro tema candente: su madre sufrió Alzheimer y usted era partidario de aplicarle la eutanasia...

R.- Mi hermana y yo teníamos diferentes opiniones sobre a partir de qué punto merecía la pena mantenerla con vida. Si hubiera tenido la decisón en mis manos, le habría permitido morir seis meses antes. Pero mi hermana no estaba preparada para esa decisión y lo respeté. Yo sí lo estaba.

Criar hijos para esto. Menos mal que la respetó. No como los asesinos de Terri Schiavo.

Cuando un periódico concede esta importancia (dos páginas a todo tren) a semejante diablo es que la barbarie ya ha puesto el campamento entre nosotros hace tiempo.

PD: Esta mañana he ido a comprar raudo El País. Hoy vendían la joya cinematográfica de John Ford Las uvas de la ira, que os recomiendo vivamente.

6 comentarios:

Terzio dijo...

Es algo que hace creíble la "civilización" de los USA. Lo digo por la peli, "Las uvas de la ira".


Por lo demás, desalienta convivir con ese pensamiento deshumanizador, engendro de una cultura extenuada, sin virtud.

Y somos "fumadores pasivos" entre la contaminación de los medios y la debilidad (deliberadada? planificada?) del momento.

"Longe fugit quisquis suos fugit".

¡Volver a las fuentes!

Y admirarse: " ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él; el hijo de Adán para que de él te cuídes..."

V for Vendetta dijo...

"Pero pienso que es razonable tomar decisiones sobre quién debe vivir o morir en situaciones límite" -dice el gachó.

Y yo digo: "¿Qué me impediría, pues, a mí o a algún otro acabar con tu vida, mamarracho?"

Rafael Palomino dijo...

El discurso de los derechos humanos y similares se ha convertido en una espiral de verborrea infracionaria. A veces me propongo a mí mismo esta hipótesis y, fracamente, no se bien qué diría Singer: Supongamos que tenemos una simia adulta, en perfecto estado de salud, disfrutando de la vida en la selva, pero que ha sido violada por un simio. O que el fruto de esa violación pone en peligro su calidad de vida. O que el producto de la concepción probablemente tenga malformaciones severas. ¿Debemos interrumpir el embarazo de la simia? ¿Cuál de los dos simios vale más: la adulta o el pequeño simio en su vientre? Depende para quién ( afeceto de células madrey eso claro). Supongamos igualmente que un simio (que siente y entiende) quiere dejar de vivir; ¿debemos facilitarle una muerte dulce? ¿cuáles serían los criterios legales que garantizan que muere libremente, y no porque alguien quiere disecarlo? Continuará: ahora me tengo que ir.

Rafael Palomino dijo...

Continúo lo que dejé comenzado.

Supongamos que un simio se encuentra en una situación de angustia y depresión que le tiene médicamente (veterinariamente, mejor dicho) hundido, hasta el punto de que ha dejado de autoalimentarse. En este caso, ¿cómo distinguir un deseo —en la perspectiva de Singer— inteligente no condicionado químicamente, de una enfermedad?

La respuesta en la mayoría de los casos es bien sencilla: no hay posibilidad de articular de forma práctica los pretendidos derechos de los simios, sencillamente porque solo se pueden articular de modo absoluto. Mi idea acerca del tema es que cuando los derechos se formulan de modo absoluto en la teoría post-moderna de los derechos, éstos solo pueden referirse a la especie en general, nunca al individuo. Si los referimos al individuo, entramos en una espiral de preguntas y en una casuistica que creo carece de solución práctica (para los simios). Cuando protegemos a un simio, lo protegemos no “qua talis”, sino como miembro de una grupo que tiene derechos (del grupo). O sea, lo contrario del modo de proceder con los seres humanos. Casi me alegro por los simios.

Creo recordar que era Hannah Arendt la que afirmaba que el el totalitarismo pretende que no lleguemos a distinguir realidad e imaginación. Pues bien: los derechos de los animales pueden ser un paso interesante en ese sentido.

Agus dijo...

Interesante, desde luego.

paapa dijo...

Ya se sabe que hay periodistas que dicen cualquier cosa incluso llamar "pionero en el campo de la bioética" al primer mequetrefe que se les cruza por el camino. Cosas Veredes.