jueves, 2 de mayo de 2013

Estampa porteña en Recoleta

Leer tópicamente a Borges en un sillón de la cafetería de El Ateneo mientras nos sorprende el sonido del piano, atacado por un tipo sin atractivo otro que su destreza con las teclas, un pantalón gris de tergal, una fea camisa a rayas verticales, un rostro anodino, una calva de clase media.

martes, 30 de abril de 2013

Buenos Aires, muy por encima


25 de abril

En uno de sus libros sobre técnicas literarias, John Gardner defiende la idea de que hay que querer a todos los personajes que uno crea. Que hay que aprender a quererlos. Como ser de naturaleza impaciente, impaciente por lo tanto conmigo mismo y con los demás, me inclino con facilidad por la criticonería y el marujismo. En términos internacionales, tiendo a esa forma de pueblerinismo que consiste en aterrizar en un país extranjero con los morros arrugados y el cerebro cargado de prejuicios. Un gran "buá" existencial, cínico, desmitificador.

Viajar le va ensanchando a uno el corazón, la capacidad de asombro, la cordialidad ante lo ajeno. Y, de paso, ante lo propio. Decía Chesterton que el optimismo es "una cuestión de lealtad previa a todo examen". Algo de esa lealtad al mundo, a la Humanidad, así, en general, percibo cuando disfruto en Madrid, en Nueva York, en Austin, en las Ciudades Gemelas. Y ahora en Buenos Aires, mientras escucho un tango de Gardel y Lepera. El patriotismo es más realista y mesurado -más eficiente, diría, si respecto a sentimientos se puede hablar de eficiencia- cuando uno aprende a querer a las patrias de otros. He dicho.

En la estrechez de las comparaciones que puedo o sé hacer, en el Buenos Aires que de momento he conocido, Palermo y una mica de Recoleta, veo un madrileñismo apocopado. Una vieja dama. Una Gloria Swanson en forma de urbe. Buenos Aires querido, en tus calles resuena por todas partes "el eco de tus días de gloria", que dice Xoel López.

Hace tres años estuve en Lisboa y eché pestes de aquella ciudad. Creo que hoy la vería con otros ojos. Su hediondez y la cochambre de sus calles no me molestarían, intuyo, o al menos no tanto. El Buenos Aires de momento explorado no es ese gran desconchón lisboeta, pero está recorrido por un aroma de pachulí decadente. Lo cual, como transeúnte de esta tierra, no me molesta.

Y sospecho que no me molesta porque bajo esa aparente agonía percibo hálitos de vida. Veo que dos cuadras más allá de esa esquina de la acera levemente escombrada hay un café-librería muy bien puesto regentado por jóvenes creativos. Buenos Aires no es una ciudad muerta. No es un museo o un casinete decimonónico, aunque tenga un aroma a ello, a decadencia y termita.

lunes, 29 de abril de 2013

Y si encima llueve

Llevaba el sol atizando toda la semana Buenos Aires y provocando un calor estival que solo podía derivar en lluvia y bochorno. La tormenta ha descargado hoy. Es ahora una lluvia apacible pero persistente, de esas que acaban sacándonos de quicio por mucha cordialidad que derrochen. Que te acaban calando aunque lleves paraguas, aunque trates de no pisar los charcos y las junturas entre las baldosas.

La contemplo ahora desde un pequeño café, el Porota, en la calle José Ignacio Gorriti, sita en Palermo Hollywood. Me gusta esa sonoridad del vocabulario argentino. Sus apellidos que explotan o se enredan en la boca, los adjetivos sólidos, sus expresiones abombadas, su expresividad de raigambre italiana.

Este baño ha dejado mi ánimo achatado por los polos. Maldita química. De repente, todo es oscuro. Pasear por esta ciudad me parece estúpido. O simplemente anodino. La realidad ha perdido sus aristas. No hay materia literaria en las calles de Palermo, que ayer mismo me parecían una Arcadia en la que perderse. Como uno se demuestra a sí mismo la madurez emocional de un niño a veces, la primera reacción es la desesperación, la pataleta interior. Hay en mí algo del ansioso Calígula camusiano que pedía la luna. Lo quiero todo y lo quiero ya. Un buen atajo hacia la frustración.

Luego ya me río de mí mismo. En estos instantes de acedia psicosomática, si uno se descuida y tuviese al alcance un kit de eutanasia, podría hasta darse boleto. Venga, chaval, no todos los días van a ser fiesta.

Miedo me da el día que tenga que ajustarme a una rutina marcada por otros. El baño de los niños, la compra con la mujer en Carreful, la comida en casa de los suegros. Y si encima llueve…

jueves, 25 de abril de 2013

Una arenga: la hora del optimismo


En España, la tasa de desempleo juvenil -de menores de 25 años- es del 57,2%. Hemos superado los seis millones de parados por primera vez en nuestra Historia desde que se miden estos datos. Todo invita a la desesperación y al cóctel molotov.

Y, sin embargo, uno, que es un amante de la narrativa, va a hacer una defensa del optimismo. Y me baso para ello en la creencia de que el tono que uno decida para la novela de su vida marca lo que suceda en ella. Es la mía, lo reconozco, una defensa alejada de todo rigor, no basada en datos empíricos, sino en principios generales, en  una especie de filosofía de autoayuda. Un "si crees que puedes hacerlo, quizá lo consigas" despojado, eso sí, de toda cursilería a lo Paulo Coelho. Echarle dos huevos con cierto espíritu naíf, diría.

A lo que voy. Necesitamos, y aquí hablo sobre todo a los jóvenes (yo considerándome uno a mis 32), optimismo. No un optimismo estupidizante y bobalicón, sino un optimismo creativo del que sabe que el futuro, sea el que sea, le pertenece. Así que mejor espabilar.

Cada vez soporto menos el victimismo. Pero si en alguien me resulta más inaguantable es en la gente joven. Nos indignamos porque quienes nos gobiernan, los que dirigen las estructuras de nuestra sociedad, son unos incapaces y unos corruptos. Así, en general. Y yo comparto esa indignación. No soy un pijo al que lo que tiene se lo hayan regalado. Pero no nos indignamos porque esa otra parte del establishment, fundamentalmente mediático, nos está apocando con sus sombrías etiquetas. Ya nos han declarado una generación perdida. Tres cojones.

Compañeros de generación: no compréis ese argumento. Es la forma más sibilina (no digo que sea voluntaria) de robarnos realmente nuestro futuro. No hay nada mejor que aplicar un poco de paternalismo a nuestros problemas, por otra parte muy reales, para debilitar más nuestra de por sí desfallecida personalidad, que soñaba con un futuro de prosperidad y pelotazo, de colocación fácil con su licenciatura y cañitas de verano en la terraza. Una vida apacible. No, tened orgullo y sacudíos esa mano que frota nuestro lomo murmurando un "pobrecitos". 

Claro que sí, pobrecitos. Pero no nos vamos a quedar en la cueva lamiendo nuestras heridas. Vamos a luchar, y más que con asedios al Congreso o con cócteles molotov -que es el arma del que reconoce su incapacidad para algo más complejo que la violencia-, lo haremos con optimismo creativo. Conquistaremos nuestro espacio con ideas y con empuje. Debatiendo con datos (no como esta arenga falta de rigor), trabajando, creando, apretando los dientes, denunciando los abusos de quienes dirigen, y exigiendo y exigiéndonos una profunda ética personal y profesional. Porque eso es en buena medida lo que nos hace falta. Porque no hay tal cosa como un gen español que nos hace incompetentes, cutres, haraganes, corruptos. Donde está el mito del Lazarillo y del falso hidalgo, están Luis Vives y Hernán Cortés. 

Seremos lo que queramos ser. Y, personalmente, no pienso ser parte de una generación que no ha llegado al ecuador de su vida ¿y ya es perdida? Lo dicho. Con toda esa zafiedad hispana: tres cojones.

jueves, 28 de febrero de 2013

Puzzles


El Goodbye Blue Monday tenía aire de buhardilla y de arcón de la abuela. El umbral hacia una Narnia brooklyniana. Nos recordaba al cuarto de los juguetes de la mansión familiar y desangelada que nunca tuvimos. Entre los cachivaches que le daban al garito un aspecto de tienducha de Ribera de Curtidores jugamos a ser Alicia en Wonderland persiguiendo no sé qué conejo blanco... Y al girar una esquina de la noche te encontraste contigo mismo en el espejo, dubitativo y borroso.

miércoles, 30 de enero de 2013

Vuelta a Nueva York

Hola, desocupados lectores, antes de que se me olvide. Estoy en NYC, y al margen de lo que os pueda ir contando aquí, dedicaré más atención a este rincón neoyorquino.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Notas al pie

  • Tus sentimientos no son más sofisticados porque seas consciente de ellos.
  • En el hombre, el desaire amoroso tiene más de desaire que de amoroso.