jueves 12 de noviembre de 2009

Mi jefe podría ser mi abuelo

No sé dónde eran más ruidosas las carcajadas, si en el resto de medios españoles o en nuestra propia mesa del comedor. Que RTVE es el hazmerreír de todo el país con el nombramiento de Alberto Oliart no evitó que, nosotros mismos, los trabajadores de la casa, nos partiésemos el bazo con el tema. La cosa da para muchas bromas. Cuando salió por agencias no podíamos dar crédito. Un tipo de 81 años para sustituir a Luis Fernández al frente de la Corp.

La estupefacción se ha convertido en incredulidad al leer que no tiene ni idea de televisión y que no es ilusión lo que le mueve a aceptar el cargo sino una especie de responsabilidad: "Si me llaman y creen que tengo que hacerlo, pues lo intentaré".

A mí todo esto me parece sencillamente una declaración de intenciones. Una declaración de intenciones de los dos principales partidos políticos: nos importa un pimiento RTVE. Como apunta el editorial de El Mundo, "no faltó quien interpretó ayer su nombramiento como un pacto entre los dos partidos para dejar languidecer a RTVE hasta su cierre definitivo".

Este tipo de decisiones, como la de repensar el modelo de televisión pública tres años después de haberlo cambiado, sólo para favorecer a las cadenas amigas (La Sexta y Cuatro) en un contexto de crisis demuestra que España sigue siendo un país de pandereta y caciquil, no muy diferente al del siglo XIX.

miércoles 11 de noviembre de 2009

Periodismo deportivo (y no sólo)

Ay, esta juventud, que quema contenedores y la lía parda en Pozuelo. Que pierde el tiempo, ¡la vida!, bebiendo en botellones inhóspitos a lo largo de noches plenas de la nada. Que no saben lo que supone el esfuerzo, ni la autoridad, ni la excelencia. Que no leen. Que no respetan a sus padres. Que berrean. Que escuchan musicucha ruidosa. Que han banalizado el sexo...

Y entonces veo la entrevista que Manolo Lama y Manu Carreño le propinaron ayer a Florentino Pérez, presidente del Madrid, en Cuatro y me escandalizo.

Está uno harto de esa autoridad moral de la que el periodista medio se autoinviste para juzgar a otros. Sea cronista político, sea opinador profesional de tertulia, sea columnista de la hoja parroquial o, lo peor, periodista deportivo. Una autoridad moral que, muchos lo exudan por los poros, no se han ganado con un comportamiento ético.

En el caso del periodista deportivo, es especialmente llamativo. Porque el periodista deportivo es un tipo que lo tiene fácil para ser poco riguroso, barriobajero, forofo... Para ser todo lo que no debería ser un periodista (y que también en la columna política y las mesa-camillas televisivas se ve a punta pala, todo sea dicho).

Lo tiene fácil porque la materia que maneja el periodista deportivo es pasional, visceralmente subjetiva, porque su público es la masa -desde el catedrático de Física Nuclear hasta el camionero, y este siempre predomina en cantidad y volumen de voz-. Porque, en definitiva, en ese terreno es muy fácil tener mucho poder e influencia, mucha fama y dinero con no mucho talento, o con un talento que no incluye las virtudes cardinales.

Estamos hartos de ver ineptos ostentosos, expertillos de tres al cuarto que han labrado su posición como incensarios oficiales del presidente de turno, gentucilla que ni siquiera sabe hablar con corrección pero que se convierten en popes de la opinión en lo deportivo, criticones cualesquiera que se creen aguijón contra el poderosos pero que sólo demuestran ser frustradetes.

El deporte puede ser sublime. Puede provocar sentimientos y emociones elevadísimos. Belleza, verdad. Arte. Eso cabe en, pienso por ejemplo, el fútbol.

¿Por qué entonces el periodista deportivo tiene que ser tan cutre, tan falto de elegancia y tono humano? No hay que ser rancio para abominar del estilo contraportada-del-As, de un titular como "Vete ya" a Pellegrini cuando su equipo ha perdido 4-0 contra el Alcorcón (ese es el Marca de Eduardo Inda), del insulto y la falta de saber estar delante de una cámara.

Tenía a Manolo Lama por un tipo serio, un periodista enrollado pero a la vez responsable con su trabajo. Si creo en la dignidad del deporte, creo también en la del periodista deportivo.

Después de ver la entrevista en Cuatro, en la Lama que destila un apestoso estilo faltón y marrullero, como el de un paletillo cualquiera mientras toma el carajillo de las ocho de la mañana en el bar, no puedo evitar cierta tristeza (tanta como para dedicarle al tema una entrada de blog, ni más ni menos).

Vuelvo al principio. Si hay una presunta decadencia en la juventud (la juventud siempre culpable, claro) supongo que antes se aprecia en otros signos, también en el periodismo deportivo. Quizá como las bolsas adelantan el comienzo de una recesión o la recuperación de esta.

Ya está bien de impunidad para el periodismo. ¿Quién opina del opinador? ¿Quién critica al criticón?

La calidad de la información que hacemos hoy en día los del ramo es cada vez peor en muchos aspectos (también por culpa del usuario, que con su apretar el F5 continuo busca que no dejen de contarle cosas nuevas), y sin embargo no se oye a nadie hacer autocrítica.

¿Lama será tan exigente consigo mismo como lo es con Florentino Pérez? No me extrañaría que el tipo tuviese los bemoles de hablar luego de crispación con toda indignación.

martes 10 de noviembre de 2009

Perder y ganar, de John H. Newman (y II)

El 25 de junio de 1869 Newman escribe en los Escritos Autobiográficos:

La Providencia de Dios ha sido maravillosa conmigo a lo largo de toda mi vida. Una cosa me impresionó esta mañana como una antítesis, de la que a menudo he pensado en sus detalles sin darme cuenta del contraste que proporciona. Y es que mis dificultades e inquietudes han venido de aquellos a los que he ayudado, y mis éxitos de mis oponentes"

Si esto se puede aplicar a diversos sucesos de su vida, hay quizá uno que está sobre todos: la escritura y publicación de la Apologia pro vita sua. Contaba en la entrada anterior que llegué a Newman a través de una breve biografía. Luego me leí su Carta al duque de Norfolk, y entonces me embaulé la Apologia pro vita sua, obvia pero acertadamente subtitulada en español "Una historia de mis ideas religiosas". Y aquello me dejó noqueado.

[Prólogo de Ratzinger a la obra, en la edición de Ciudadela]

En 1864, Charles Kingsley, clérigo anglicano, polemista e intelectual inglés pone en negro sobre blanco una de las acusaciones que se lanzaban contra Newman. Le desafía a justificar "la honestidad" de su vida como anglicano, sugiriendo que ya era católico antes de convertirse y que había permanecido en el anglicanismo para traicionarlo desde dentro.

Uuuuuhhh, pensará alguno, vaya tontada de pique. Pero es que eran otros tiempos, donde la palabra dada, el rigor y la honorabilidad intelectual eran realmente valorados.

La respuesta fue la Apologia pro vita sua, una autobiografía intelectual y teológica casi científica. Newman se basa en las cartas que escribió y recibió, en sus escritos y en su predicación, para dar fe del proceso de conversión. El resultado es un monumento a la honestidad intelectual, un canto al amor por la verdad.

Su lectura no es fácil, es cierto, pero es una magna obra, un monumento, insisto. Su publicación le devolvió el favor de la opinión pública en Gran Bretaña. Hay que agradecer al señor Kingsley el desafío.

Y todo esto, para llegar a Perder y ganar.

Porque Perder y ganar es el envés de la Apologia, esto es, la faceta sentimental y emocional de la conversión de Newman. Defiendo que su valor seria escaso (novelísticamente deja mucho que desear) si no existiese la Apologia y no fuese el testimonio interior de quien es. Pero bajo esos presupuestos es una obra muy interesante.

Escrita en 1848, el converso habla desde las entrañas del que se ha visto obligado a perder lo más querido por honradez intelectual y religiosa. Quienes apreciamos y admiramos a Newman, nos sentimos removidos por el documento.



Ahí tenía al viejo Oxford, las colinas, sus praderas junto al río, tan verdes, tan encantadoras como siempre. Al divisar aquel lugar tan amado se quedó quieto, con los brazos cruzados, incapaz de dar un paso más. Los colleges, uno por uno, las iglesias, una por una; lo iba identificando todo por las torres y los pináculos. El Isis plateado, los sauces grisáceos, los campos llanos extendiéndose, los sotos oscuros alargándose; allá a lo lejos el bulto de Shotover, donde había pasado aquellos meses con Carlton y Sheffield; madrera, agua, piedra, todo tan apacible, tan lleno de fulgor. Aquello, todo aquello podía haber sido suyo. Ganaría muchas cosas al hacerse católico; cosas mejores, más altas, más nobles, pero desde luego aquello no lo volvería a tener jamás, aquella ciudadela estaba perdida para siempre. No podría tener nunca otro Oxford, ni los amigos de su infancia y su juventud. Había elegido otra cosa"

Antes de convertirse, no puede ver más claro. La luz es como una recompensa de los que por un acto de la voluntad, por el dictado de la prudencia y de la razón, abrazan la verdad en ese punto en que la naturaleza se encoge como un cobarde, no llega. Hay que aventurarse. Antes de la conversión, la fe es una aventura; después es un don. Se acerca uno a la Iglesia por el camino de la razón, pero para entrar dentro hay que seguir la luz del Espíritu"


Citas extraídas de la edición de Víctor García Ruis, Encuentro, 4º edición, 2009.

lunes 9 de noviembre de 2009

Perder y ganar, de John Henry Newman (I)


John Henry Newman es posiblemente una de las figuras señeras del siglo XIX, aunque no muchos lo conozcan, cosa harto explicable -especialmente en España- dada la profunda incultura religiosa que nos embadurna.

Llegué a él de oídas a través de Luis. Se me quedó grabado aquel detalle que me contó de él, que guardaba copia de todas las cartas que escribía. Vaya tío.

En agosto de 2006, cuando estuve en Manchester, me llevé la tesis de un amigo sobre la idea de la Providencia de Dios en el pensamiento y la vida de Newman. La primera parte de la obra era una somera pero jugosa (como luego comprobé) biografía del converso, salpicada de citas personales y reflexiones agudas. Me la ventilé en una tarde que aún recuerdo con cariño. La figura me dejó fascinado.

Me conquistó su amor a la verdad, su modernidad teológica, su finura sobrenatural... Y los palos que le había dado la vida. Me dejó admirado la manera de funcionar de la Providencia.

Nacido en Londres en 1801, fue educado en el anglicanismo en el seno de una familia burguesa. Desde bastante temprano muestra interés por la religión. Estudió en Oxford.

Ordenado clérigo anglicano, se convertiría en la cabeza más visible del Movimiento de Oxford, que, con el intento de dar vitalidad a una Comunión Anglicana que se deslizaba hacia el liberalismo, buscaba entroncar con la Iglesia de los primeros siglos y, por lo tanto, volver a su esencia católica.


El 9 de octubre de 1845 ingresa en la Iglesia Católica, después de más de un proceso intelectual y teológico de más de un lustro.

Desde entonces... Unas palabras de su diario el 21 de enero de 1863 resumen la situación:

¡Oh cuan triste y monótono ha sido mi itinerario desde que soy católico! He aquí la paradoja, cuando era protestante sentía que mi religión era monótona, pero no mi vida. Pero desde que soy católico es mi vida la que es monótona y no mi religión.”



Y es esto cuando me refiero a "la manera que tiene de actuar la Providencia", porque me fascina la influencia de alguien que poco antes de morir seguramente tendría una imagen bastante sombría acerca de los proyectos emprendidos desde que era católico.

Y, sin embargo, uno, que sabe de Chesterton, de Waugh, de Knox, de Tolkien (educado en Birmingham por un oratoriano en la finca donde enterraron a Newman), y así, se dio cuenta de que la bomba que había reventado en Inglaterra se llamaba John Henry Newman. Y, desde Inglaterra, llegará a más lugares, ya está llegando.

Es emocionante, por ejemplo, contemplar la indudable sintonía de Benedicto XVI con el cardenal. (Porque Newman acabó siendo nombrado cardenal, pero no nos engañemos pensando que fue tratado con deferencia desde el lado católico en Inglaterra o Irlanda). Es posible que Newman sea beatificado el año próximo ¿en verano cuando el Papa visite Inglaterra?.

Todo esto venía como introducción a mis reflexiones sobre Perder y ganar, el libro en el que John Henry novela su conversión. Pero ya lo dejamos para otra entrada.

[Por cierto que l diácono curado por el milagro atribuido a Newman, anda de peregrinación por Inglaterra. Aquí en un medio católico]

sábado 7 de noviembre de 2009

Paranormal activity, de Oren Peli

Amparándome en el canon digital y en que posiblemente no tenga tiempo de ir al pase de prensa, ayer por la noche me puse a ver Paranormal activity, la peli de 15.000 dólares de presupuesto que está arrasando en Estados Unidos.

Tráiler de 'Paranormal activity'



A pesar de verla en condiciones precarias (o quizá por eso, porque a la peli le pega lo cutre), pasé bastante miedo. De hecho, con la excusa de que estaba cansado, me fui a la cama cuando se avecinaba la última parte de la historia.

Lo más desasosegante ha sido despertarme un par de veces por la noche, especialmente cuando en la segunda ocasión he mirado el teléfono para ver la hora... y marcaba las 6:36. Uf. Menos mal que -en principio- no puede marcar las 6:66 (hummm, quizá las 7:06).

Ahora, a plena luz del día, he acabado de verla.

A uno, que es un masoca de los que le gusta el cine de terror, ésta le ha parecido un buen ejemplar del género. Es un cóctel muy conseguido entre la bruja de Blair, Rec y El exorcista. Y no quiero imaginar lo que debe ser si en vez de verla en la pantalla del ordenador con unos auriculares no muy buenos, se ve en el cine y con el sonido un pelín más alto de lo necesario (como suelen hacer con las de miedo)... o verla solo en casa una noche de tormenta.

Eso sí, el que no crea en espíritus, obviamente, no la disfrutará/sufrirá tanto.

viernes 6 de noviembre de 2009

Cuando uno no tiene

La página web de la película There be dragons sobre San Josemaría.

Y un encuentro digital con la gallina Caponata.

Y una entrada magnífica en el magnífico blog de Pseudópodo sobre la importancia relativa en los medios de Ayala y Lévi-Strauss.

miércoles 4 de noviembre de 2009

Empieza bien el mes de los difuntos

Entre muerto, muerto y muerto, me van a disculpar ustedes que no tenga tiempo para acercarme a estos lares a contar algo. Cuando sólo hay trabajo, no hay mucho que contar.